marzo 04, 2011

Presunto culpable

Yuriria Sierra (@YuririaSierra)
Nudo Gordiano
Excélsior

El sistema de impartición de justicia en nuestro país ha estado matizado, desde hace tantísimos años, con esa capacidad para crear culpables y reducir la justicia a un “demuestra que eres inocente o serás culpable...”

Sí, un particular tiene todo el derecho de ampararse ante un juzgado si algo le afecta de forma directa, en este caso, hay una ley sobre derechos de imagen, como sustento. No existe nada fuera de lugar ahí. ¿Qué pasa entonces con Presunto culpable? Sabemos, lo vimos, leímos y escuchamos por todos lados, incluso de las mismas autoridades en el estreno de la película, cuando aseguraron que lo vivido por José Antonio Zúñiga era ya documento riguroso para entender la historia de injusticias en nuestro país.

Más allá del asunto comercial, eso es sólo algo de distribuidores y exhibidores, el tema está en lo que Presunto culpable obliga. El sistema de impartición de justicia en nuestro país ha estado matizado, desde hace tantísimos años, con esa capacidad para crear culpables y reducir la justicia a un “demuestra que eres inocente o serás culpable...” Seguramente, a estas alturas sabrá usted de la historia de Toño, la razón por la que fue sentenciado a 20 años y sobre el tiempo que pasó en el reclusorio, y la iniciativa que Roberto Hernández y Layda Negrete logró sacar y llevar a la pantalla grande. Es documental que, vale la pena anotarlo, se convirtió en el más visto de la historia del cine documental mexicano. Sabrá usted eso, y algunos detalles más. Toño se ha convertido en un gran promotor de una lucha y su ejemplo, tan fuerte como aun después de tanta injusticia, le da oportunidad a la esperanza.

Era evidente: un sistema judicial terriblemente viciado y de actitud siempre, o la mayoría de las veces, flagrante, no recibiría con brazos abiertos la lectura en público de su diario de secretos. A primera impresión, el anuncio que el miércoles por la noche se dio a conocer es letal para la libertad de expresión, porque lo primero que se viene a la mente, después de los últimos antecedentes, la suspensión provisional de la exhibición del documental Presunto culpable, es el derecho o autoridad que puede tener un juez para obstaculizar su proyección comercial. Debido a una demanda interpuesta por Víctor Reyes Bravo, de quien me permito dudar de su iniciativa para hacerlo, la jueza Blanca Lobo dio el visto bueno al amparo. ¿Qué sería la impunidad sin los vacíos jurídicos que permiten el entendimiento, el uso o la ejecución de las leyes a conveniencia?

Aunque también hay manos levantadas para hacer lo posible por que la cancelación de la exhibición no se ejecute, como la del jefe de Gobierno del DF, quien aseguró que haría lo posible por apoyar al documental, aunque sea con proyecciones públicas. Y, después de Ebrard, el Senado, Gobernación, Felipe Calderón y una importante lista de nombres políticos.

El resto de los detalles sobre el caso los conocemos todos, han sido nota importante en los espacios informativos, así que hagamos algo mejor: haciendo uso de los permisos del imaginario, tan utilizados en el celuloide, pero con la seriedad que el caso pide, pensemos que, está bien, Víctor Reyes se sale con la suya y que, como parte de la imaginaria resolución, para que Presunto culpable pueda ser exhibido de nueva cuenta, deberá ser reeditado con el fin de difuminar la imagen de éste y suprimir cualquier indicio que lleve a su identificación. Pensado, por supuesto, en que justamente el sustento de su amparo es lo único pedido para permitir el reingreso del documental a los cines.

Ya con el documental en las salas de cine, la sociedad tendría de nuevo la oportunidad de ser testigo de este gran trabajo de Roberto y Layda... y, entonces, ¿hasta ahí llega todo lo que Presunto culpable puede inspirar? La enorme pared con la que hoy se enfrentan Toño, Roberto y Layda es el pretexto perfecto para una segunda, tercera, cuarta parte, o hasta donde se pueda llegar. Esos enormes agujeros jurídicos de los que puede ser víctima cualquier ciudadano, mismos que nos vuelven presuntos culpables a todos, mientras no se demuestre lo contrario. Evidencia clara de un sistema judicial que no es entendido ni por los encargados de ejecutarlo.

Urge la profundización de la reforma al sistema judicial vigente.

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