marzo 08, 2011

¿Tiempos pasados fueron mejores?

Alberto Aziz Nassif
aziz@ciesas.edu.mx
Investigador del CIESAS
El Universal

El PRI fue el partido gobernante la mayor parte del siglo XX, hasta que en 2000 perdió la Presidencia. Sin embargo, el PRI ha sabido administrar su capital político; ha creado un nuevo reparto de posiciones, tanto en su grupo de gobernadores como en sus fracciones parlamentarias y en la dirección del partido. Ahora, casi dos sexenios después de alternancia panista, el PRI se prepara para regresar a Los Pinos. No se podría decir que quiere regresar al poder, porque nunca se fue, pero sí tiene posibilidades de volver a la Presidencia, según las mediciones de intención de voto de hoy, que no necesariamente serán las mismas de julio del 2012.

Hasta ahora, la carga de la explicación de lo que pasa con un posible regreso tricolor a Los Pinos está más en los efectos y desgastes que han tenido los gobiernos panistas y la crisis de la izquierda después de la sucesión del 2006. La corta memoria de los electores, que ven con simpatía al PRI, quizá ha olvidado de qué se trata. Menos de 12 años han bastado para volver a posicionar al PRI como un competidor fuerte para el 2012. ¿Cómo se construye ese viaje a la nostalgia de que tiempos pasados fueron mejores?

El partido que creó Calles —para darle cauce institucional a la rotación del poder entre caudillos y generales, tuvo una transformación hacia la organización corporativa con Cárdenas y llegó a su institucionalización civil de partido hegemónico con Alemán— enfrenta hoy nuevos retos y desafíos. Entre efectos mediáticos, la política se ha convertido en parafernalia y ha borrado los proyectos de país. El PRI ha navegado con una bandera de pragmatismo, pero está muy lejos de una definición sobre qué haría con el país si regresa a la Presidencia.

Se habla de Peña como el mejor posicionado, pero a las personas que hablan de porcentajes de intención de voto les pido que digan una sola idea del gobernador y, acto seguido, se quedan en silencio. Las evaluaciones de lo que ha hecho Peña en Edomex no son positivas: con mucho más presupuesto, han aumentado la delincuencia y la pobreza y ha bajado la competitividad (Enfoque, 6/III/2011).

Hace unos días, Beltrones escribió: “¿Y cuando gane el PRI la Presidencia?” (Reforma, 4/II/2011). No hay que adelantarse tanto porque aún correrá mucha agua bajo el puente antes de julio del 2012. En ese texto se dice que el PRI tiene el reto de explicar su proyecto, lo cual indica que no se conoce. Pero el centro del artículo es una enumeración de las cosas que ahora sí haría el PRI, es decir, un conjunto de buenas intenciones. Porque son políticas y proyectos que el PRI no hizo cuando gobernó ni tampoco lo ha hecho como oposición. Se habla de promover reformas económicas, pero no se dice qué harían con el neoliberalismo que se implantó como proyecto entre 1985 y 1993. Se afirma que ahora sí se pagaría la deuda social con la pobreza y desigualdad, cuando lo único que hizo son programas de focalización y transferencias económicas, que están lejos de ser solución eficaz. Se dice que ahora sí se fortalecería a los órganos reguladores, cuando lo que han hecho PRI y PAN es debilitarlos de forma sistemática. Ahora sí haría una reforma fiscal que le dé viabilidad al Estado, o sea, una reforma que el PRI no hizo nunca como gobierno y menos como oposición. ¿Por qué creer que ahora sí? Así siguen las buenas intenciones, como reordenar el gasto federal, es decir, las enormes sumas que tienen los gobernadores y que usan para fines electorales, en aplicaciones de un gasto opaco. Por supuesto no faltó la promesa de eficacia y honradez, que cierra con un afán de que ellos lo harían mejor que los panistas.

Moreira llega a la presidencia del PRI y lanza un fuego de adjetivos: “No nos atemorizan las alianzas impúdicas”. Otra vez hay una condena moral en contra de las coaliciones opositoras. Según Moreira, se afirma que se ganará la Presidencia y que no se va a regresar al pasado. El problema es que no está claro qué futuro quieren, porque ya se sabe que el PRI es un conjunto acomodaticio de grupos e intereses que están lejos de lo que se necesita para consolidar la democracia. Esto no significa que el panismo haya gobernado como prometió, pero ese es otro problema. Lo importante es entender de qué está hecha la parafernalia del PRI, que ya se siente ganador, cuando todo indica que sigue siendo el de siempre…

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