marzo 03, 2011

Un país de felicidad o de desdicha

Yuriria Sierra (@YuririaSierra)
Nudo Gordiano
Excélsior

Cómo imaginarnos un mundo sin vocación, sin inspiración, sin musas. Ese fue el mensaje que Vargas Llosa dio a los asistentes...

El premio Nobel de Literatura 2010 no podía llegar a nuestro país sin un mensaje distinto a la inspiración. El lugar oportuno, la UAM, una de las universidades públicas más importantes del país, y que escuchó los ecos de la historia que le permitió a Vargas Llosa construir su vocación, pieza fundamental del espíritu humano para hacer de su vida un instrumento útil para sí y su entorno.

Y es que cómo imaginarnos un mundo sin vocación, sin inspiración, sin musas. Ese fue el mensaje que le dio a los asistentes, casi todos universitarios:

“Yo vivía como, estoy seguro, viven muchos de ustedes, los jóvenes, una gran indecisión, cuál va a ser mi porvenir; a qué voy a dedicar mi vida. Lo que a mí me gustaba era algo que no parecía tener ningún asiento social, no ser una profesión, no ser un quehacer alimenticio, no ser algo que tuviera un reconocimiento y una aceptación en la sociedad: la vocación de escritor (...) A mí lo que me gustaba era la literatura, lo que yo hubiera querido ser era escribir, pero escribir no era posible si se le entendía como una actividad exclusiva, entonces, un día decía ‘voy a ser abogado’ (…) otro día decía ‘periodismo’, porque está cerca de escribir (...) Nunca tuve facilidad para escribir, desde muy joven descubrí que escribir me costaba un enorme esfuerzo, que tenía que invertir una enorme disciplina, tenía que rehacer, que reescribir, releer con espíritu muy crítico lo que hacía, porque lo que hacía lo veía muy malo (...) El objetivo fundamental en la vida no puede ser exclusivamente el éxito en términos económicos o de poder, el verdadero éxito en una sociedad es haber reducido al máximo la infelicidad humana (...) La primera y más importante función de la enseñanza es ayudar a los niños y jóvenes a descubrir su vocación y de convencerlos de que si esa es su vocación deben entregarse a ella porque es la mejor manera de defenderse contra la futura infelicidad, esa infelicidad que forma parte de la condición humana...”

Indispensable la lectura y relectura de estas palabras de Mario Vargas Llosa. Si no, pensemos en qué tan común nos resulta el encuentro con quienes dedican su vida a una actividad que está muy lejos de apasionarlos. Y es que, para cualquier actividad, la necesidad del gusto y las ganas de ejercer cualquier profesión u oficio, es requisito indispensable para sacarle todo el provecho posible y exprimir esas ganas acumuladas y que pocas veces se logra canalizarlas de forma adecuada.

Y qué curioso, hace justamente un año, la Universidad Nacional Autónoma de México, a través de su Instituto de Investigaciones Sociales, decía que 68% de los jóvenes del país tenía como único motor para realizar estudios universitarios el encuentro de un trabajo digno y, 13%, solamente buscaba buena remuneración económica. Lo que nos hace preguntar: ¿cuántos de ellos lo logran?

Y es que la respuesta tiene mucho que ver con la situación de un país rezagado, que espera el progreso y, para ello, se aboca a las posibilidades más obvias, que poco le apuestan al desarrollo de talentos e inquietudes capaces de generar nuevos caminos, que no exprimen las aptitudes de los jóvenes y, ahí, se van quedando las ganas que al paso del tiempo y de las circunstancias, se cambian por la sobrevivencia que, de tanta, termina en hartazgo y, a la suma de todas, nos da una sociedad injusta y con tantos problemas. De ahí que sea imposible no asegurar que la educación es y debe ser, siempre, la prioridad número uno de cualquier gobierno.

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