marzo 05, 2011

¡Warren!

Jaime Sánchez Susarrey
Reforma

El éxito de Warren Buffett se traduce en resultados... López Obrador, en cambio, es el ejemplo perfecto de la irresponsabilidad e incapacidad absoluta de responder por sus errores

Hace dos semanas, Héctor Aguilar Camín publicó en Milenio (15 de febrero de 2011) un artículo sobre la filosofía de Warren Buffett. La lista de las peculiaridades del segundo hombre más rico del mundo es notable.

Warren Buffett compró su primera acción a los 11 años, y lamenta haber empezado demasiado tarde. Compró una pequeña granja a los 14 años con sus ahorros provenientes de repartir periódicos.

Todavía vive en la misma pequeña casa de tres cuartos en Omaha que compró luego de casarse hace 50 años. Él dice que tiene todo lo que necesita. Su casa no tiene ningún muro o reja. Maneja su propio coche a todas partes y no anda con chofer o guardaespaldas.

Nunca viaja en jet privado, a pesar de ser el dueño de la compañía de jets privados más grande del mundo. Su firma, Berkshire Hathaway, es dueña de 63 compañías. Escribe sólo una carta cada año a los gerentes de estas compañías, dándoles las metas para el año.

Nunca convoca a reuniones o los llama regularmente. Deben cumplir dos reglas: 1. No perder nada del dinero de sus accionistas. 2. No olvidar la regla 1. No socializa con la gente de la alta sociedad. Su pasatiempo cuando llega a casa es prepa- rarse palomitas de maíz y ver televisión. No anda con celular ni tiene una computadora en su escritorio.

Su consejo para la gente joven: aléjese de las tarjetas de crédito e invierta en usted. Recuerde:

A. El dinero no crea al hombre, sino que fue el hombre el que creó el dinero.

B. La vida es tan simple como usted la haga.

C. No haga lo que los otros digan. Escúchelos, pero haga lo que lo hace sentir mejor.

D. No se vaya por las marcas. Póngase aquellas cosas en las que se sienta cómodo.

E. No gaste su dinero en cosas innecesarias. Gaste en aquellos que de verdad lo necesitan.

F. Después de todo, es su vida. ¿Para qué darle la oportunidad a otros de manejársela?

G. Si el dinero no sirve para compartirlo con los demás, entonces, ¿para qué sirve? Ayude aunque no pueda hacerlo. Siempre habrá bendiciones para aquellos que saben compartir.

H. No gaste el dinero que no tiene. El crédito, los préstamos, etcétera, fueron inventados por la sociedad de consumo.

I. Antes de comprar algo, piense: ¿que me pasará si no lo compro? Si la respuesta es 'nada', no lo compre; porque no lo necesita. "Nada hemos traído al mundo, ni nada nos vamos a llevar...".

Así que si hubiera que definir en pocas palabras a Warren Buffett habría que decir que es un empresario minimalista del Siglo XXI o XXXI. Es más, tiene una noción y estilo de vida que lo acercan a la disciplina monástica. Austeridad, sobriedad y ascetismo son sus notas dominantes y es completa y absolutamente consecuente con ellas.

A primera vista, López Obrador sería una versión mexica, aunque en otra frecuencia -la de la política-, del mismo patrón. Quién no recuerda el Tsuru blanco del jefe de Gobierno de la Ciudad de México, su gusto por las cosas sencillas, el lenguaje coloquial y el pequeño departamento en Copilco.

Pero la comparación no resiste la prueba del análisis. Y aquí, como en mu- chas otras cosas, la forma es fondo. El es- tilo campechano del tabasqueño se acompañaba y acompaña de una debilidad abier- ta por los trajes y la ropa de marca. "Nico", su leal e incondicional chofer, percibía un salario mensual de 70 mil pesos.

Pero lo más grave está en el fondo-fondo. El éxito de Warren Buffett se traduce en resultados constantes y sonantes. Quienes invierten en sus acciones obtienen dividendos. No hay timos ni demagogia. De ahí la deontología elemental de las dos reglas principales que son una: no perder el dinero de los accionistas.

López Obrador, en cambio, es el ejemplo perfecto de la irresponsabilidad e incapacidad absoluta de responder por sus errores y admitir sus equivocaciones. A la fecha, sigue denunciando que fue víctima de un fraude y embauca a sus seguidores con falsedades o verdades a medias.

La mejor prueba de ese lenguaje delirante, que evoca a los caudillos latinoamericanos del siglo XIX y XX, incluido nuestro celebre José Antonio López de Santa Anna, fue la declaración que hizo a finales del año pasado en Cuautitlán Izcalli, Estado de México: "Tengo mis cálculos y en 2006 ganamos con cerca de 10 puntos, ésa fue la dimensión del fraude que nos hicieron y ahora les vamos a ganar por 20 puntos, porque ahora hay más gente apoyándonos" (La Jornada, 25 de octubre de 2010).

No hay, en esta fuga hacia delante, que se alimenta de mentiras y delirios, ningún respeto por los ciudadanos que lo siguen y veneran y, por supuesto, ni un miligramo de responsabilidad. López Obrador dilapida, en sentido literal, la confianza y el capital que gente buena y ordinaria deposita en su persona.

Si su empresa fuera un banco o una casa de Bolsa, no resistiría una auditoria. Los números y los balances están truqueados. Oculta información, miente y juega con ese capital de manera irresponsable. Apuesta -como hacía su ex tesorero Gustavo Ponce en Las Vegas- lo que no le pertenece.

Pero además, con el paso de tiempo se ha vuelto un pésimo jugador. En 2006 no causaba miedo, inyectaba pavor. Y, hay que repetirlo, no era una falsa percepción. De haber alcanzado la Presidencia, y estuvo a un tris, las consecuencias hubieran sido desastrosas.

Ahora, Manuel Andrés López Obrador, su nombre original, con siglas precisas: MALO, da pena ajena, se ha vuelto una parodia de sí mismo. Ya no espanta a nadie. Vaya, ni a Jesús Ortega que se le parapeta. López se ha banalizado, aunque su potencial destructivo está latente. Marcelo Ebrard lo padece y lo entiende a la perfección. ¿O no?

Así que, ¿entre López y Buffett? ¡Warren!

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