abril 07, 2011

Aparte de “espurio”, matón…

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

El Estado mexicano peca de omisión en el tema de la seguridad: no cumple, se desentiende, deja las cosas como están (no ha homologado los Códigos Penales de las diferentes entidades federativas, no ha creado una auténtica policía nacional y no ha dispuesto la autonomía del Ministerio Público), permite una escandalosa impunidad (la inmensa mayoría de los delitos no son castigados) y tolera una vergonzosa corrupción en el aparato de justicia.

Todo lo anterior, sin embargo, no significa que deba renunciar a las tareas que ya está llevando a cabo para combatir la delincuencia organizada ni tampoco que se le pueda acusar, justamente por haber emprendido estas acciones, de estar matando a los ciudadanos de este país.

El enemigo, con perdón, no es Calderón aunque los seguidores del candidato presidencial perdedor (sí, hablo de López Obrador), con la mala leche que exhiben habitualmente, denuncien que la decisión de emprender tan cruenta batalla (estamos hablando de más de 30 mil muertos) se debe a la necesidad que tuvo de “legitimarse”.

Esta gente, la que se desconoce la realidad de un sistema electoral donde somos los ciudadanos quienes supervisamos las votaciones, lo reduce todo a una mera cuestión, un solo asunto, un mismo tema y un único problema: la cantaleta del “fraude” en las elecciones de 2006. A partir de ahí, nada es lo que es y nada puede derivarse de la necesidad de aplicar políticas de Estado. Luego entonces, si el actual jefe del Ejecutivo tomó la decisión —impostergable, a mi entender, aparte de urgente y obligada— de combatir a los cárteles de la droga, no es porque sea una de sus responsabilidades como gobernante. No: necesita lavar su conciencia.

Es verdaderamente sorprendente constatar la manera en que el descomunal egocentrismo de un político desleal ha conseguido contaminar la vida pública nacional: el “espurio” no tiene redención alguna.

Bueno, qué le vamos a hacer. Así son las cosas. La derecha, en Estados Unidos (de América), ataca a Obama con igual ferocidad. Los extremos se tocan.

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