abril 28, 2011

Bioterrorismo

Oscar Maúrtua de Romaña
Representante de la OEA en México y ex Canciller del Perú
omaurtua@oas.org

El terrorismo, en todas sus formas, es una de las amenazas más críticas que tanto la región de América Latina y el Caribe como la comunidad global enfrentan. Particularmente, el bioterrorismo se ha convertido en un peligro latente urbi et orbi debido a que las amenazas biológicas no respetan fronteras. Es por esto que la naturaleza de las reacciones debe ser igualmente global.

El potencial destructivo de las armas biológicas o de los virus dispersados alevosamente por grupos terroristas es extremadamente elevado. Esto obliga a una nueva perspectiva de los sistemas de seguridad y de salud pública en este milenio. Los países deben estar preparados para responder a la amenaza de la utilización de armas biológicas desde múltiples enfoques. Es necesaria la existencia de sistemas de vigilancia epidemiológica, así como planes de emergencia para el aislamiento, prevención de la diseminación y tratamiento de enfermedades infecciosas.

La accesibilidad a enfermedades patógenas con fines destructivos debe ser evitada a través de soluciones innovadoras que permitan un adecuado control en el manejo de estos materiales que asegure su utilización para salvar millones de vidas –como sucede anualmente– y no para su destrucción. En este esfuerzo debemos trabajar unidos los gobiernos, la industria, la ciencia, la academia, la salud pública y la seguridad.

En este contexto, la OEA y los países miembro han desarrollado amplias políticas para trabajar conjuntamente en la lucha contra la amenaza del bioterrorismo en el hemisferio. El Comité Interamericano contra el Terrorismo (CICTE) desempeña una labor insustituible en el cumplimiento de esfuerzos en esta tarea y es considerado un modelo para otras organizaciones regionales involucradas en el contraterrorismo.

El CICTE tiene entre sus objetivos brindar asistencia técnica a los Estados miembro de la organización para incrementar sus capacidades institucionales en materia de seguridad; para ello, mantiene una alianza estratégica con gobiernos y organismos internacionales para la realización de programas de asistencia técnica y capacitación sobre seguridad en materias: aeroportuaria, portuaria, cibernética, turística, de asistencia legislativa y desarrollo de seminarios de manejo de crisis como el que hoy nos congrega.

Cabe mencionar que la OEA probó en el 2005 la resolución “Las Américas como Región Libre de Armas Biológicas y Químicas”, mediante la cual se enfatiza el compromiso de los Estados miembro con el control de armamentos, el desarme y la no proliferación de todas las armas de destrucción masiva, y con las obligaciones que les impone la Resolución 1540 (2004) del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, de adoptar medidas efectivas para prevenir la proliferación de armas nucleares, químicas o biológicas y de sus vectores, y reafirma la plena aplicación del marco normativo internacional sobre la materia.

También es de destacarse el trabajo desarrollado por la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ) y el Comité 1540 del Consejo de Seguridad de la ONU en asistencia técnica a los Estados para fortalecer sus capacidades en la prevención de que estos materiales puedan ser utilizados como armas de destrucción masiva. Asimismo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) están brindando asistencia técnica a los Estados en nuestra región para mejorar sus sistemas de salud pública. A su vez, las lecciones aprendidas en México con la influenza A/H1N1 han sido un modelo a seguir por la efectividad de la respuesta a nivel nacional e internacional.

De esta forma, podemos ver cómo la comunidad internacional está trabajando conjuntamente para prevenir el uso de armas biológicas y, en caso de ser usadas por grupos terroristas, cómo hacer frente a las situaciones que de ello se deriven.

Dicho lo anterior, debemos identificar cuáles son las herramientas que debemos desarrollar o revisar para responder a nivel nacional y para mejorar la cooperación y la asistencia internacional en caso de un incidente biológico; además, busca contribuir a mejorar la efectividad de los mecanismos de coordinación entre los gobiernos nacionales y los organismos internacionales en asistencia y apoyo operativo, incluyendo mediciones de riesgos, respuesta a emergencias, ayuda a las víctimas y planes emergentes de recuperación.

Debemos de estar preparados ante una amenaza bioterrorista, para lo cual resulta fundamental revisar los mecanismos de coordinación entre las instancias nacionales e internacionales para monitorear, detectar y responder ante un incidente biológico infeccioso; tomar las previsiones necesarias en los planes de respuesta y en los presupuestos para enfrentar los potenciales escenarios, a nivel nacional y regional.

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