abril 26, 2011

Decálogo para políticos twitteros

Mario Campos (@mariocampos)
El Universal

Hace unos días diversos medios españoles – entre ellos El País – publicaron el decálogo que estableció el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) para sus políticos tuiteros. Ya que en México el tema también está de moda comparto mi tabla de recomendaciones.

1. Antes de entrar a la red ingiera pastillas de humildad. En la red, ya lo hemos comentado antes, los políticos no juegan de locales sino que lo hacen de visitantes. Los usuarios asumen que el espacio es suyo y que aquel que entra lo hace en calidad de autoinvitado (lo que solemos llamar colados). Nadie que forme parte de la clase política debe esperar ovaciones a su llegada. Incluso el visitante tiene un agravante: entra a la cancha con marcador en contra. Por el solo hecho de ser político debe admitir que todo lo que se diga será tomado - en el mejor de los casos - con escepticismo.

La tarea será a contracorriente y como diría Joaquín López Dóriga, hay que “aguantar vara” y esperar una dura experiencia al menos en el debut.

2. Twitter= Diálogo. Este es el punto de partida del sistema. Quien no dialoga no juega. La plataforma fue creada para compartir en una comunicación horizontal. Aquellos que no siguen a nadie muestran un nulo interés por lo que los otros tienen que decir. Si a eso se agrega que nunca se responde a los mensajes de los demás, no será ninguna sorpresa que el impacto de los mensajes sea nulo o negativo.

Con una salvedad para aquellos de ego robusto y se imaginen con miles de followers (cual Shakira con sus más de 5.5 millones de seguidores). Si es el caso no se apuren, nadie espera que respondan a todos los mensajes, ni que esté pendientes todo el tiempo, basta con que se note que revisan lo que les mandan, que entienden y atienden las preguntas y dudas razonables y son capaces de dialogar en la medida de lo posible.

3. Twitter = autenticidad. Un político que tuitea de si mismo en tercera persona (“El gobernador saldrá de gira”) es la prueba de que detrás de la cuenta hay un equipo contratado para la ocasión (no muy listo, por cierto). Si se abre una cuenta “personal” la promesa es que habrá una persona detrás. A estas alturas nadie se sorprende de que existan colaboradores que arropen a las figuras públicas pero entre el acompañamiento – que monitorea el timeline, por ejemplo – y la simulación, hay una brecha enorme.

4. Twitter son personas, no roles. Si bien cuando entra un diputado, gobernador o senador a la red se espera que actúe como tal, en los hechos no siempre se tiene que “estar en personaje”. Se vale recomendar un libro, echarle porras a su equipo de fútbol y compartir algo personal de vez en cuando. Una vez más la clave está en las proporciones, ni asumir que los usuarios son fans que quieren saber todo sobre la vida del político, ni renunciar a la idea de que es posible reflejar que detrás de la cuenta – incluso del membrete – hay una persona concreta con la que se puede coincidir incluso más allá de lo público.

Twitter es una oportunidad para “humanizar” a los políticos. (Ojo, twitear las vacaciones en París con toda la familia nunca es una buena idea... por si alguien tenía la duda)

5. Twitter es personal. Las posturas institucionales pueden ser útiles pero aburren. Si se tiene una cuenta personal lo que se quiere son sus posturas sobre los asuntos públicos. Hay que arriesgar, comprometerse, polemizar, defender y explicar sus puntos de vista. Así se garantiza una mejor cobertura mediática y se producen incentivos para obtener más seguidores.

6. Twitter trata de los seguidores, no del que es seguido. Se trata de la regla básica de toda comunicación (y que conste que la cita no es mía). “Cuando vas de pesca que utilizas de carnada, ¿tu comida favorita o la del pez?” A los usuarios/ ciudadanos no les importa si el político se acaba de reunir con un legislador o miembro del gabinete. Bien por ellos. La pregunta que hay que hacerse siempre es: ¿qué hay ahí de valioso para los followers? Si no hay una respuesta entonces se trata de propaganda.

7. Twitter es una conversación: participe, no interrumpa. Cuando todos los de su timeline (por eso hay que seguir a otros usuarios)) están hablando del partido de fútbol es anticlimático (y estúpido) anunciar que se acaba de presentar una iniciativa de ley a favor de los ferrocarriles mexicanos. El efecto es el mismo que se produciría en una conversación en el mundo físico. La respuesta es el vació, el silencio, y la sensación de que hay alguien tratando de imponer su tema en una plática. Twitter tiene un ritmo, hay que estar en él si se quiere participar.

8. Cuidado con el humor y el sarcasmo. A estas alturas del post ya debe haber quedado claro que un político juega como ciudadano de segunda clase. Injusto o no, así son las reglas. Por eso cualquier chiste que raye en lo políticamente incorrecto – así lo hayan contado antes doscientas personas – es una bomba. El sarcasmo y la ironía no son comprensibles para todo público y si se puede interpretar mal... no hay duda de que así será. La fórmula es muy simple: si tiene dudas sobre un mensaje, no lo tuiteé.

9. Si se equivoca admítalo. Ya he dedicado antes una entrada completa al bulliyng y las crisis en twitter. Aquí los errores quedan registrados para siempre. No existe forma de borrar un mensaje desafortunado, un mensaje privado que se hizo público o un chiste que a otros no les pareció gracioso. Lo que se dice, se dice para siempre y antes de ir a contracorriente tratando de frenar las críticas lo mejor es reconocer el fallo y mejor pensar en el siguiente mensaje. Aquí una buena noticia: siempre hay otra oportunidad de decir algo más inteligente en el próximo tweet.

10. Diviértase. Twitter no es la opinión pública (no representa a todos ni es el fiel reflejo del “sentir popular”) pero sí es un magnífico espacio para aprender a comunicar. Si una idea pega en twitter muy probablemente funcionará en otros foros; si un mensaje recibe una ola de abucheos, mejor no lo pruebe en el próximo mitin. En twitter hay personas dialogando con otras personas. Si en ese proceso se aprende, se escucha, propone y si sobre todo se logra divertir entonces la herramienta no sólo será útil en este espacio sino que servirá como un ejercicio de cómo estar en contacto con otros más allá del círculo habitual que rodea a todo político. Twitter puede ser un antídoto contra las burbujas que aíslan a los políticos, aprovéchela, dése la oportunidad.

PD. Nos vemos en Twitter.com/mariocampos

No hay comentarios.: