abril 05, 2011

Diálogo político, no pacto con narcos

Pablo Hiriart (@phiriart)
phl@razon.com.mx
La Razón

Otra vez se habla de pactar con narcos y grupos delictivos. No se puede.

Los grupos criminales pululan en el país y se multiplican como hongos en medio de la llamada lucha contra el narco “para que la droga no llegue a tus hijos”.

Aunque se quisiera pactar, no hay con quién hacerlo.

¿Con cuántos habría que pactar en Tepito, por ejemplo, donde se alquilan muchachos para asesinar? Y en Sinaloa, Tamaulipas, Chihuahua, etcétera.

Además, ¿pactar qué?

Ante el desorden criminal de narcotraficantes, narcomenudistas y delincuentes en general, el Estado no tenía ni tiene más opción que aplicar la fuerza para imponer la ley y brindar paz a la población.

El problema es que no lo está haciendo bien. No se han alcanzado los objetivos por los cuales el gobierno lanzó una guerra contra el narco en 2006.

La desconfianza entre el gobierno federal y los estatales lo impide.

Lo impide también la falta de diálogo franco entre los partidos y el gobierno.

Todo es elecciones y a ver cómo hago perder al otro.

El consumo de drogas en jóvenes ha crecido de 10.8 por ciento en 2003, a 18.3 por ciento en 2009. Es decir, eso de que “luchamos porque la droga no llegue a tus hijos”, salió mal. Casi se duplicó en seis años.

Y cuando algo sale mal hay que revisarlo.

Por supuesto que la lucha hay que darla, pero si los indicadores señalan que se dispara por la culata, hay que hacer una revisión integral de la estrategia.

¿Cómo es posible que en espacios fáciles de controlar, como los centros nocturnos, se venda droga a los jóvenes, según lo mostró un excelente reportaje de Reforma el domingo?

Los muertos en la lucha contra las drogas, se dice, alcanza una cifra cercana a los 35 mil.

Pero es un engaño eso de que han muerto en “la lucha contra las drogas”.

Esas personas han sido asesinadas por criminales que en la inmensa mayoría de los casos gozan de impunidad.

Unos matan a otros porque hacen justicia, su justicia, por propia mano. Y lo hacen por la impotencia del Estado para investigar y castigar.

Si para el gobierno —para los gobiernos— es imposible aprehender a los asesinos y tenerlos en la cárcel, mucho menos van a poder prevenir los asesinatos.

A cuatro años de lucha contra el narcotráfico, vivimos un periodo de criminalidad sólo comparable con los años de la Revolución.

No son caídos en el combate a las drogas, sino crímenes cometidos por delincuentes que no ven problemas en asesinar, mutilar y secuestrar.

La droga, por otra parte, llega más que nunca a los jóvenes.

Las cosas no se están haciendo bien.

Para corregir el camino se necesita un ambiente político favorable a los acuerdos, sinceridad, buena fe, disposición al diálogo.

Y eso, nomás no hay.

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