abril 27, 2011

El efecto cucaracha

Héctor Aguilar Camín
acamin@milenio.com
Día con día
Milenio

La espiral de violencia en México de los últimos años está asociada a la estrategia de combate al crimen del gobierno de Felipe Calderón.

Fernando Escalante ha mostrado que existe una correspondencia estadística entre el aumento de los homicidios y el despliegue de grandes operativos militares y policiacos de la Federación sobre ciudades y regiones.

El centro de la estrategia gubernamental fue debilitar a los cárteles de la droga, cuyo control de los gobiernos locales representaba ya, se nos dice, no sólo un problema de seguridad pública, sino un problema de seguridad nacional.

La versión del gobierno federal es que había que recuperar los espacios perdidos por el Estado, restablecer el monopolio legal de la violencia y regresar al crimen organizado a su condición de hampa manejable.

El centro de la estrategia gubernamental ha sido presionar y fragmentar los cárteles, combatirlos y acotarlos, complicarles el negocio y reducir sus rentas, descabezarlos, dividirlos y enfrentarlos entre sí.

La estrategia ha funcionado. Nadie puede negar que los cárteles se han debilitado y dividido, aunque están lejos de haber desaparecido o no representar ya una amenaza al control territorial de distintas partes de México.

Es cierto que libran una guerra feroz que los desangra y que la fuerza pública federal ha dado golpes decisivos contra capos y organizaciones, dejando en el campo un panorama de bandas fragmentarias que se disputan agónicamente el control de pasos y territorios.

La contracción del espacio, la presión de los operativos de fuerzas federales, ha hecho a las bandas más débiles, pero también más violentas. Las ha hecho también menos eficaces para conducir su negocio fundamental, el más rentable, que es el narcotráfico, al punto de que, como reporta The Economist, buscan espacios más propicios en Centroamérica (“The drug war hits Central America”, abril 16-22, 2011).

Lo que son buenas noticias para la estrategia del Estado son malas noticias para los ciudadanos de a pie. Porque las bandas divididas y desangradas son más violentas y buscan ingresos fuera del negocio de las drogas. Dirigen sus esfuerzos de sobrevivencia hacia delitos que afectan la seguridad de las personas: el secuestro, la extorsión, el tráfico de personas.

Llegados a este punto, la pregunta para los estrategas del gobierno federal es: qué sigue

Al calce. Se entiende el afán del ex presidente Salinas de rescribir la historia sosteniendo que él acertó en todas las cosas y los demás fallaron en todas. La tiene difícil, pero es un hombre perseverante en todo, incluyendo sus errores.

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