abril 03, 2011

La factura de Calderón

Ivonne Melgar
Retrovisor
Excélsior

El Presidente aún no inicia su reparación de daños, aumentados con la nada inocente declaración de Cecilia Romero.

El saldo mexiquense desnudó las intenciones fallidas y los flancos débiles del presidente Felipe Calderón y del gobernante capitalino, Marcelo Ebrard, promotores de una estrategia pactada que se les revirtió.

Porque la alianza electoral PAN-PRD estaba diseñada para que ambos se fortalecieran hacia 2012 al reducir los márgenes del principal puntero del PRI, el gobernador Enrique Peña Nieto, y del único candidato presidencial ya en campaña, Andrés Manuel López Obrador. Pero ocurrió todo lo contrario: frente al proceso de su relevo, Calderón tiene ahora un margen menor al de hace una semana y sujeto al ritmo y al modo del aventajadísimo mexiquense.

Con el mismo déficit, Ebrard se vio obligado a un destape con prisa para acallar la idea de que la derrota de sus intenciones aliancistas lo dejaban fuera de la competencia presidencial. Y este movimiento quedó supeditado a los saltos de López Obrador.

Porque para aumentar la factura del descalabro tanto Peña como AMLO se fortalecieron.

El gobernador lo hizo como operador y líder de los suyos al inclinarse a favor de Eruviel Ávila, dejando en el camino al que era considerado su delfín por propios y ajenos, Alfredo del Mazo.

Mientras que el ex gobernante capitalino se robusteció electoralmente porque ganó como adversario número uno de la agonizante coalición.

La factura de las intenciones frustradas del Presidente y del jefe de gobierno capitalino resulta costosa no sólo por la apuesta perdida, sino porque el escenario que cada uno tiene frente a sí es aún más cuesta arriba.

Marcelo emprendió pronto la reparación de los daños levantándole la mano a Encinas como “único candidato de las izquierdas” y dándole carpetazo a la pretensión de la alianza.

La factura sin embargo está ahí: Ebrard nunca convenció a Encinas de convertirse en el candidato del PAN-PRD porque él jugó a favor de López Obrador. Y porque Encinas no pretende pelear en serio por esa plaza, sino aglutinar a las tribus perredistas.

Tampoco logró Marcelo hacerse del timón de su partido. Peor: con un debilitado nuevo dirigente, Jesús Zambrano, volvió a sus arreglos con René Bejarano, cuya esposa, Dolores Padierna, es eficaz en el golpeteo a Los Chuchos. Y sin la fuerza para enfrentarse a López Obrador en la definición de la pelea mexiquense, Ebrard pospuso la fractura, escenario inevitable porque ambos quieren llegar a Los Pinos.

Con su doble rol de gobernante y destapado, Marcelo hará campaña con Encinas, en espera de una recomposición de fuerzas. Camaleónico, radicalizará el discurso y estará satisfecho de haberse cuidado de no aceptar la foto con el Presidente, su aliado táctico electoral. Y en lo oscurito, como ha sido todo con Calderón, seguirá alimentando la probabilidad de una alianza PAN-PRD hacia 2012.

A diferencia de su aliado táctico, el Presidente aún no inicia su reparación de daños, aumentados con la cero inocente declaración de Cecilia Romero, secretaria general de Acción Nacional, de que la dirigencia en Los Pinos había recibido la instrucción de concretar con los perredistas una candidatura para disputar el gobierno mexiquense.

La supuesta indiscreción encareció aún más la factura para Calderón, la cual le ha tocado pagar con intereses a medida que corren los días y nadie del blanquiazul se atreve a ponerle a la alianza su cruz de olvido.

Acusado de intromisión electoral por el PRI y de ofrecerle la candidatura de la coalición a Encinas, según López Obrador, Calderón paga el costo de las jugadas que le salieron mal a Ebrard y el fallido cálculo de Los Pinos de que lograrían el sí de Josefina Vázquez Mota para abanderar esa alianza.

Para colmo, el espejo mexiquense encarecerá una eventual inclinación por su delfín Ernesto Cordero o por uno de sus cercanos, ensanchando las ventajas de la diputada Vázquez Mota hacia la candidatura presidencial.

Para empeorar el panorama, a diferencia de Ebrard, antes de la debacle mexiquense, Calderón mostró sus cartas de aliado táctico e hizo públicas sus cavilaciones en torno a una coalición PAN-PRD para 2012, al asumir que los aspirantes blanquiazules son débiles.

Así de cara y larga es la factura, de cuya estrategia de pago comenzaremos a tener noticias esta semana.

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