abril 05, 2011

La foto de Gaddafi y Calderón

Carlos Loret de Mola (@CarlosLoret)
Historias de un reportero
El Universal

En la foto oficial de la Cumbre de la Unión Africana de julio de 2010, el presidente Felipe Calderón sonríe de pie. A una persona de distancia a su derecha, en su habitual traje de beduino rematado con lentes oscuros, el líder de Libia, Muammar Gaddafi, luce distraído ante el flashazo de la cámara. Los separa sólo el anfitrión, el premier de Uganda, Yoweri Museveni. Pero al coronel, hoy bombardeado por la OTAN, no le bastó eso. Deseaba conocer más de cerca al mexicano.

Desde días antes, en Los Pinos nadie quería hacer el largo y tedioso viaje hasta Kampala, la capital de Uganda. El equipo más cercano al primer mandatario intentó torpedear una gira a la que le veían ningún sentido habiendo tantas cosas que enfrentar y resolver en el país. Sin embargo, los organizadores de la XVI Conferencia sobre Cambio Climático (la COP 16 de Cancún) insistieron en que la presencia del panista entre los líderes africanos sería muy apreciada por ellos, quienes por el puro gesto le darían sus 35 votos, que en el concierto internacional —donde una nación es un voto— pesan como toda Europa.

Cuando Calderón entró a la sede de la reunión, volteó hacia la canciller Patricia Espinosa Cantellano, impulsora de la gira, y le regaló su característico ceño fruncido, ceja levantada. Un recorrido de saludos por la sala de jefes de Estado le llevó a conocer personalmente a dictadores, golpistas, represores, genocidas, asesinos, cleptócratas y, desde luego, también algunos mandatarios democráticamente electos.

El Presidente de México les habló del cambio climático, les dijo que los africanos serían los más beneficiados por un endurecimiento de las normas sobre emisiones contaminantes. Lo escucharon con atención y lo vieron con extrañeza. Los cálculos fueron correctos: el puro gesto de su viaje les bastó para garantizarle sus votos en Cancún, en noviembre-diciembre de ese mismo año, claves para lograr los acuerdos que cabildeó personalmente el michoacano.

En medio de la encerrona de mandatarios africanos, la canciller recibió de sus homólogos libios un recado: Gaddafi quiere conocer a Calderón. Para la Secretaría de Relaciones Exteriores mexicana la foto no convenía, así que dieron una contestación burocrática a la invitación. Los hombres de Gaddafi insistieron: una reunión bilateral México-Libia. El gobierno de nuestro país no quería ser descortés, pero tampoco deseaba un encuentro cara a cara con el tirano. La estrategia: ganar tiempo, pues la estancia del panista desde un inicio se anunció que sería corta. Libia no dejaba de solicitar. México no dejaba de responder que la agenda estaba apretada, llena, que estaban tratando de encontrar un espacio... hasta que Calderón abordó de nuevo el TP-01 que lo regresó a suelo azteca.

Gaddafi se quedó sin reunión bilateral, sin la clásica foto de los dos sentados en sillas altas de respaldos ostentosos saludándose mientras sonríen a la cámara. Calderón se salvó. La imagen sería hoy aprovechada a discreción de sus opositores.

SACIAMORBOS

Ya está agendado: el miércoles, debate entre Moreira y Lozano.

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