abril 07, 2011

Se marcha

Yuriria Sierra (@YuririaSierra)
Nudo Gordiano
Excélsior

Si bien en manos de las autoridades está el bienestar de la población, el mensaje debe sonar más fuerte en dirección a los criminales

No, el voto no puede ser la única vía que nos otorgue el Estado para tomar las riendas, para encaminar el rumbo de un país que amamos todos. De alguna forma se tiene que buscar que las miradas y los oídos volteen hacia quienes desean dar un mensaje que, en esta ocasión, compartimos todos. Pero también sería equivocado dirigirlo a un solo lado. Si bien, en manos y cabeza de autoridades está el bienestar de la población, no olvidemos que el mensaje debe sonar más fuerte en dirección a los criminales, al decirles que nuestra tranquilidad sigue siendo nuestra, no de ellos, porque son nuestras las calles, es nuestro el país y es, la nuestra, una mirada al espejo donde ellos no tienen ni tendrán jamás un lugar.

Ayer, fueron miles los que salieron a las calles, en casi cincuenta ciudades la indignación, la vergüenza, la exigencia de un país en paz tomó forma y se hizo voz. Esta vez fue un asesinato que, tras llevarse a uno, dos, tres, a varios hijos, a varios mexicanos, también se llevó una pluma poeta y dejó un huequito en el estómago que hizo, a esos muertos, hijos de todos.

Pero han sido muchos, más de 40 mil, quienes hoy ya no están, los que se convirtieron en víctimas de un clima violento que nos sigue sorprendiendo y al que nos aferramos a no acostumbrarnos. Ha sido tanta la sangre vertida en las calles que por ratos pensamos que ya no podremos más, pero no ha sucedido así, nos hemos mantenido en pie y ese es el mensaje más inmediato y certero que podemos dar para entendernos como una sociedad que, aun con el tanto miedo inyectado, se piensa como un montón de ciudadanos que no dejarán que las condiciones la rebasen.

Se marcha, porque es necesario hacer constar que no somos un país sumergido en la apatía, sino que nos tomamos de la mano o hacemos eco a un grito, cuando se habla del bien común y, sobre todo, cuando es nuestra vida el centro de una lucha a la que no le hemos logrado entender la estrategia.

Se marcha porque nos reconocemos un pueblo con una convocatoria enorme para lograr que las miradas tengan un blanco común. Se marcha porque es necesario reconocer que todas esas miradas son fuerza suficiente para decirnos que México sigue siendo nuestro. Se marcha porque creemos que hacen falta voces que, de tan fuerte, se hagan una y nos recuperen de las manos violentas, de las inútiles, de las que nos toman como rehenes en nuestro espacio.

Se marcha porque, aunque la paciencia se canse, la espera no se agota. Se marcha porque no queremos que nadie se obligue al silencio y deje de escribirle sueños a las letras, que nadie deje de jugar con ellas. Se marcha porque a nuestro país le damos todas las oportunidades que necesite para hacerse, al fin, una sola fuerza.

Se marcha porque es todo México el que nos duele, algunos de sus lados los que nos enferman, unas cuantas manos las que nos enojan, pero se marcha porque será siempre a nuestro paso el ritmo con el que deberá seguir, justamente, la marcha de un país herido, pero no derrotado...

Addendum. Y con todo el rollo surgido en el Estado de México con la alianza “amarillo-azul”, de pronto los panistas hacen movimientos extraños con tal de frenar la Supervía, la última obra capitalina que levantó polémica gratuita y de la que ya está más que dicho que hay impedimento para echarla atrás. ¿Será esa la factura que el PAN le pasa a Marcelo Ebrard ahora que apoya abiertamente a Alejandro Encinas y deja atrás la intención aliancista? ¿Quizá, quizá, quizá?

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