abril 17, 2011

¡Ya basta de ya bastas!

Néstor Ojeda
nestor.ojeda@milenio.com
Vuelta prohíbida
Milenio

Esta semana fuimos testigos de cómo el gobierno federal y una parte de la sociedad se confrontaron y exhibieron sus miserias a propósito del famoso ¡Ya basta de sangre! lanzado desde el núcleo más duro del lopezobradorismo para torpedear a Felipe Calderón.

Nadie podría impugnar los llamados al cese de la violencia, vengan de donde vengan, pero —ahí viene el pero— tampoco pueden avalarse en automático campañas que no tienen como fin confrontar al crimen, sino desprestigiar a quienes lo combaten denodadamente, sobre todo el Ejército y la Marina.

Desde 2010, en estas páginas, Héctor Aguilar Camín reflexionaba sobre la merecida censura a “los hijos de puta”, así los calificó, que en nuestro país todos los días matan, roban, secuestran, extorsionan y trafican con drogas y armas, en un esfuerzo por sacar del debate el tema de que las estrategias anticrimen son correctas o no, y centrarlo en el necesario combate a las bandas de narcos.

Hasta ahí todo bien, pero vino el presidente Felipe Calderón a lanzar su particular convocatoria de “¡ya basta! colectivo a los criminales”, y luego a los gobernadores que se hacen patos ante el crimen organizado. Y comenzó el sainete, porque los ¡ya basta! desde el gobierno tienen que venir acompañados de algo más que palabras.

¿Acaso el ¡ya basta! de Calderón vino acompañado de una convocatoria a crear los comités de defensa popular contra el crimen? ¿O llamó a los jóvenes a enlistarse en el Ejército y la Marina para defender el país? ¿Presentó al Congreso una iniciativa para facultar a los gobiernos estatales a combatir al narco? ¿Nos ofreció a los ciudadanos algo más que palabras? Claro que no.

Mal está la cosa cuando un gobierno, el que sea, en lugar de defender a sus ciudadanos, ocupa más tiempo en defenderse de las críticas. Estamos muy mal cuando es el Presidente el que se pone a decir ¡ya basta!

En fin, el discurso de Calderón tiene el mismo sentido e interés que el del priismo y el lopezobradorismo: las elecciones presidenciales de 2012.

Todos tratan de usar el tema de la inseguridad como ariete contra sus adversarios políticos. No es otro su fin. Y mientras, los ciudadanos, empresarios, estudiantes, comerciantes y trabajadores seguimos viendo cómo la impunidad del crimen sigue campeando en todo México.

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