mayo 11, 2011

Ciudadanizar la política

Luis Felipe Bravo Mena (@LF_BravoMena)
Candidato del PAN a la gubernatura del Estado de México

"Que nadie que sepa hablar siga callado. Que todos los que puedan se unan a este grito. Ha llegado el momento de no ser espectador impasible. El tiempo del silencio ha concluido". Federico Mayor Zaragoza

Frente a los grandes desafíos que se nos presentan día a día, hay diversas posiciones respecto a los actores que deben de participar en la solución de los problemas. Hay quienes desde la posición ideológica estatista pretenden encontrar en el gobierno todas las respuestas; creen que haciendo crecer el aparato burocrático y sus programas los problemas se resolverán casi de forma inmediata. Hay otros que consideran, desde una posición neoliberal, que el gobierno es el problema, por lo que hay que limitar su papel para expandir las libertades económicas y la competitividad. En este debate ha transcurrido buena parte del siglo XX. Sin embargo, hay un elemento olvidado que comienza a tomar relevancia y nos hace superar la simple dialéctica Estado-mercado para hablar de un tercer elemento que en otras latitudes del mundo ha consolidado una fuerza que equilibra dichas visiones. Ese es el poder de la sociedad civil, de las comunidades organizadas, de los ciudadanos empoderados.

Hoy los gobiernos, en especial en América Latina, están rebasados por muchas causas y el deterioro de las instituciones es evidente. Frente a ello, oxigenar la vida pública, como lo han hecho las democracias consolidadas, significaría un cambio en la forma como se ha venido haciendo política. El modelo vertical, impositivo y autista de elaborar políticas públicas está agotado; la ruptura gobierno-ciudadanía es insostenible. Por ello, se requiere ciudadanizar la política, lo cual significa, primero, poner en el centro de las decisiones al ciudadano, no a los partidos ni a sus ideologías. La persona y su desarrollo debe ser el punto neurálgico de la vida pública. La tarea de un gobierno, como en Europa, implica liberar el potencial de las y los ciudadanos. Allá entendieron que sólo con participación y articulación social podremos resolver problemas tan complejos como la inseguridad, la mala calidad educativa o el deterioro del ambiente. En el caso mexicano sería equivalente a llevar a buen término una reforma política, como la que propuso el Senado, que cree instrumentos de participación efectiva como las candidaturas independientes y la iniciativa ciudadana, entre otras medidas que complementen la democracia representativa. Diseñar la vía que refuerce el verdadero ejercicio de la rendición de cuentas, transparente y efectivo, que vaya mucho más allá de la publicidad política y que permita a los ciudadanos conocer los logros alcanzados respecto a las metas planteadas a problemas ciudadanos.

Resulta indispensable mirar las experiencias exitosas de otros países que como en Chile construyeron un nuevo modelo de acción política que supera el simple concepto de gobernabilidad vertical, para dar paso a una gobernanza democrática, horizontal e incluyente, que defina la acción de gobierno como un proceso conjunto entre Estado y sociedad, más que como la actividad de una estructura administrativa separada de la sociedad. Ciudadanizar la política implica también que todos seamos mejores ciudadanos. La ciudadanía no es simplemente una edad o una credencial, sino la conciencia y el deber ético de participación social a la que todos estamos llamados. La ciudadanía no sólo son derechos que reclamar, sino también responsabilidades que asumir. La ciudadanía es y da sentido de pertenencia compartido.

La vida política de un país o de una entidad no puede ser secuestrada ni por los partidos, ni por los políticos aferrados a su coto de poder. Tampoco por quienes quieren imponer su estilo de hacer política por la vía del control ciudadano o la cooptación. Mucho menos puede quedar en manos de quienes pretenden construir mayorías artificiales para continuar los privilegios de unos cuantos. La vida política nos pertenece a todos porque en ella se decide, en buena parte, nuestro presente y futuro. Los cambios políticos que necesitamos pasan necesariamente por reconciliar al ciudadano con la política y ésta no habrá de ocurrir si el ciudadano no se constituye en el actor central de la acción política, con su iniciativa, su creatividad, su organización y su capacidad de movilizarse para dar respuesta solidaria a las demandas de otros ciudadanos. Los mexicanos debemos darnos prisa porque el mundo no se detiene.

Estoy convencido que si el siglo XX fue el siglo de las ideologías, el siglo XXI debe ser el siglo de los ciudadanos.

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