mayo 02, 2011

¡Estamos hasta la madre… de pretextos!

Luis González de Alba
La Calle
Milenio

Una verdad multicomprobada es que tenemos la clase política más mezquina que se haya visto desde que el presidente Cárdenas dio los toques finales a nuestro sistema presidencial, descrito con sabiduría ejemplar por Fidel Velásquez: El que se mueve no sale en la foto. Para la mayoría de nuestros políticos, nunca es tiempo de nada porque cuando no están en puerta unas elecciones lo están otras. El colmo de la ignominia es que el PRI haya retirado su propia iniciativa de reforma laboral porque los camisas negras obradoristas ya preparaban los cierres de vialidades, las acusaciones de traición y cuanto hay. Nada nuevo en los ahora cobijados por el membrete del PT, partido que acusaron, por decenios, de ser creación de los hermanos Salinas para combatir a la izquierda. Así son de coherentes.

No era difícil la respuesta al tsunami demagógico diseñado con tácticas bien probadas por Mussolini. La reforma debe tener un beneficiario directo: los trabajadores que retoman el control de sus organizaciones, principalmente los sindicatos, y los jóvenes desempleados, ahora en la calle porque las empresas ven con temor, muy comprensible, contratar de por vida gente que aún no demuestra su capacidad para la tarea que debe desarrollar. Es como si un editor pagara un adelanto y firmara contrato con escritor desconocido por una novela que va a escribir y el único aval fuera que llevó un curso en la Sogem.

No basta el título de ingeniero mecánico electricista, hay que probar en el trabajo diario que el título avala conocimientos. Y más aún en estos tiempos en que los exámenes son mal vistos. Si algo no es un empresario es un alma caritativa que contrata gente formada sin rigor académico, pero muy urgida de empleo. No ocurría eso ni en los países socialistas, no ocurre en Cuba ni en China, para empezar porque están prohibidos los sindicatos y un trabajador puede ser echado a la calle sin explicación alguna. Raúl Castro piensa deshacerse de medio millón de burócratas porque no son necesarios. Una medida estrictamente “eficientista”, según insulto de moda entre los inútiles de México.

Sin duda esos contratos temporales se verán inferiores ante las plazas inamovibles, y lo son: eso pone la mesa a las huestes obradoristas. Pero la plaza debe comenzar por un periodo de prueba antes de pasar a ser definitiva, lo mismo en un maestro de primaria que en un físico del Cinvestav o un astrónomo de San Pedro Mártir: debo poder despedirlo a las primeras señales de incapacidad, con todo y su título enmarcado. En la UNAM así era: comenzábamos por ser maestros adjuntos, y si convencíamos, pasábamos por un examen de oposición donde podíamos ganar (o no) una plaza con definitividad.

¿Por qué lo que es bueno en la UNAM no lo es para el país? ¿Por qué las empresas deben contratar a ciegas? ¿Y si tengo varios candidatos? Ahora lo resuelve el sindicato, puerta de entrada y de salida. ¿No debe una empresa, como las publicaciones serias, tener una revisión por pares? Los artículos sobre astronomía propuestos para su publicación en Science o Nature los revisan astrónomos; los de física, físicos. El investigador que busca su base definitiva pasa por un examen de oposición ante especialistas del área (¿o ya no?, ¿un triunfo de los trabajadores ya eliminó eso? No sé, pero imposible no es).

El trabajador tiene pleno derecho a una plaza cuando ha demostrado su capacidad. Pero el SNTE exige, como demanda escrita y gritada sin vergüenza alguna, su derecho a vender, heredar o traspasar una plaza. En Pemex hay tarifas según el puesto.

La reforma laboral presentada por el senador Beltrones daría oportunidades de trabajo a los jóvenes y las riendas de sus organizaciones a los trabajadores. Pero el temor a los camisas negras la detuvo.

Una reforma energética, como la aquí detenida por todos los partidos (PAN asombrosamente incluido) hizo de Brasil una potencia petrolera como salida de la nada; va contra toda sensatez que se nos prohíba a los ciudadanos producir electricidad; educación “eficientista” hizo de Corea del Sur un país rico y la esclavitud a los dogmas tienen a Corea del Norte en el hambre igualitariamente repartida. Nos rebasan por todos lados mientras nuestros legisladores parecen no ver el mundo. Van de sus comidas en El Cardenal a sus vacaciones de cuatro meses sin haber gastado sus mullidos sillones y no desean que eso cambie.

De cómo los ricos lo vuelven a ser después de la Revolución, Olga (Planeta, 2010).

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