mayo 04, 2011

Humala, ¿peligro para México?

Ivonne Melgar (@IvonneMelgar)
Retrovisor
Excélsior

La contienda peruana retrata la polarización ideológica que marca a Latinoamérica, que vive del aval ciudadano en la designación de los gobiernos

LIMA.- Maltrecha por la corrupción, la desigualdad y la violencia que tolera y reproduce, nuestra democracia latinoamericana tiene sin embargo el encanto de la aún joven e intensa competencia electoral.

La idea de que el futuro de un gobierno depende de la suma de millones de voluntades expresadas en el voto, desata nuestra adrenalina de testigos gozosos de una circunstancia nuestra, contemporánea, porque la historia no siempre fue así en una región con un pasado reciente de golpes de Estado, guerras civiles, fraudes, partidos únicos y persecución judicial de los adversarios políticos.

Esta certidumbre democrática de la incertidumbre de que nadie tiene comprado el triunfo, la hemos respirado con emoción esta semana en la Visita de Estado del presidente Felipe Calderón al Perú.

Por el carácter y las trayectorias de los protagonistas de la segunda vuelta del próximo 5 de junio, el comandante Ollanta Humala, de Gana Perú, y Keiko Fujimori, de Fuerza 2011, la contienda retrata la polarización político-ideológica que marca a Latinoamérica que, con excepción de Cuba, vive el valor supremo del aval ciudadano en la designación de los gobiernos.

La tensión entre el proyecto liberal y el proyecto bolivariano se muestra descarnada entre un militar de izquierda, que busca sacudirse la imagen de integrante del séquito del presidente venezolano Hugo Chávez y se reivindica como seguidor del ex mandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, y la hija de Alberto Fujimori, cuya campaña carga con la sombra de un padre en la cárcel y su década de poder autócrata con censura, represión y espionaje y uso faccioso de la justicia contra los opositores.

Frente a las revueltas en otras latitudes, la democracia electoral latinoamericana tiene en Perú una prueba de nuestra ganancia histórica: con excesos y pendientes, la lucha por el poder se dirime en las urnas.

La pelea es dura y tan determinante para el juego entre los proyectos liberal y bolivariano que, de manera deliberada, el presidente Calderón ventiló sus reservas en torno a Humala y la suerte que en su gobierno correrían las inversiones mexicanas.

Si para la prensa mexicana esa preocupación fue un hecho más de una gira al extranjero, para los peruanos resultó ser la nota de ocho columnas en una puja que día con día cierra la distancia de nueve puntos que ese candidato tenía de ventaja en la primera vuelta, pues de acuerdo con las últimas encuestas ahora él y Keiko Fujimori están en empate técnico con menos de tres puntos de diferencia.

De modo que la señal de alerta hecha por Calderón se agregó a la cerrada competencia de los aspirantes, con quienes el Presidente tuvo encuentros por separado.

La reseña de los colegas peruanos sobre el diálogo privado con Humala es prueba de que la diferencia entre los proyectos liberal y bolivariano no está en el uso militar contra el crimen organizado ni en el imperativo de reducir la desigualdad, sino en el peso del Estado frente a la libre empresa, sea en la industria o en las comunicaciones.

Y es que el candidato le habría dicho al Presidente que no termina de convencerse de las ventajas de un TLC bilateral y que podría nacionalizar a las mineras, en las que hay cuantiosos negocios mexicanos.

De ahí el pronunciamiento de Calderón de que las partes deben respetar los acuerdos y el comentario a Humala de que para buscar el sí del Senado para ese Tratado, necesitaba contar con la seguridad de que le daría continuidad a esta iniciativa.

Lo sucedido aquí también es una manifestación del agotamiento de la intención presidencial de llevarse bien e incluso integrarse con todos los vecinos latinoamericanos.

La participación en la firma de la Alianza del Pacífico con sus afines al proyecto liberal, el peruano Alan García, el chileno Sebastián Peñeira y el colombiano Juan Manuel Santos, da cuenta de un Presidente que pinta su raya con el proyecto de Chávez, el boliviano Evo Morales, el ecuatoriano Rafael Correa y los hermanos Castro en Cuba.

Porque el tache de Felipe Calderón hacia Humala nos muestra además a un gobernante que ha puesto sus barbas a remojar de cara a la competencia que viene y en la que volverá a toparse con quien fuera su principal adversario, Andrés Manuel López Obrador.

Ese es el encanto de la democracia electoral: a nadie puede dársele por muerto y, en la batalla, todo cuenta porque cualquier detalle puede restar.

De ahí que el comunicado de Los Pinos sobre las reservas de Calderón parecía reciclar la consigna de 2006: Humala es un peligro para México.

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