mayo 03, 2011

La armadura de Peña Nieto no está para delicadezas

Ciro Gómez Leyva
gomezleyva@milenio.com
La historia en breve
Milenio

Conversábamos en la radio con el senador del PRD Carlos Navarrete. Acusaba al gobernador Enrique Peña Nieto de ser el “diputado 501” que ordenó obstruir en San Lázaro las reformas aprobadas, por aclamación, por los propios senadores del PRI. Nada para quitarle el sueño a nadie a estas alturas.

Entonces nos avisaron que el diputado y vocero del PRI, David Penchyna, quería rebatir los dichos de Navarrete. Penchyna es político de lenguaje bien estructurado. Cuida las palabras, no suelta cifras ni metáforas a lo loco. Esencialmente, repitió lo que habían dicho Peña Nieto y el presidente del PRI, Humberto Moreira: no hay “diputado 501”, porque el mexiquense no es un villano que meta las manos en el Congreso; los diputados del PRI no aprueban reformas al vapor, bla, bla.

Cómo que al vapor, si el Senado aprobó la reforma de Seguridad Nacional en abril de 2010, lo interrumpí. Me corrigió: se aprobó la semana pasada. No, diputado, fue en abril de 2010. Insistió que no. Le expliqué que hablaba de la de Seguridad Nacional, no de la reforma política. No se movió: según él, las dos llegaron a San Lázaro la semana pasada.

Cuando colgó revisamos las fechas. Teníamos razón: 27 de abril de 2010. Los diputados la recibieron al día siguiente, hace más de un año.

Ya no dio tiempo de escuchar de nuevo a Penchyna, quien llamó para decir que se había confundido. Buen gesto. Pero nos quedó la impresión (supongo que a más de un radioescucha también) de que para la jerarquía del PRI la única verdad será la que proteja al único hombre que los puede llevar de regreso a Los Pinos.

La impresión de que la armadura inoxidable de Peña Nieto no está para delicadezas.

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