julio 17, 2011

Delirios guajiros

Jaime Sánchez Susarrey
Reforma

AMLO nunca ha reconocido sus derrotas. Es más, ni siquiera reconoce las encuestas. En 2006, a partir del momento que le fueron adversas, descalificó todos los sondeos de opinión

1.AMLO ya acordó con Marcelo Ebrard un método para elegir al candidato de la izquierda: una encuesta y dos debates.

Regla elemental: lo acordado no está acordado hasta que se pone en práctica. Así que falta todo por recorrer.

La propuesta de Ebrard es una encuesta abierta a la población. Porque de otro modo, dice el jefe de Gobierno, sólo se conocería la intención de voto del PRD, Convergencia y Partido del Trabajo.

La verdad está en que si la encuesta se limita a los simpatizantes del PRD la ventaja de AMLO sobre Ebrard es arrolladora. Según Mitofsky (24-27/jun/11), 63 por ciento a favor de López y 30 por ciento por Ebrard.

Entre los electores independientes la relación se invierte, pero en una proporción menor: 31.8 por ciento por Ebrard vs. 24.7 por ciento por AMLO.

Ahora bien, su competitividad frente a Peña Nieto es similar: AMLO 18.4 por ciento vs. Peña 47.9 por ciento. Ebrard 16.7 por ciento vs. Peña 45.8 por ciento.

La pregunta entonces se formula por sí sola: dados esos números, ¿por qué AMLO aceptaría someter la elección del candidato a una sola encuesta abierta a la población?

Es de esperar que, más allá de sus buenos deseos, Ebrard y "Los Chuchos" tengan una respuesta concisa y precisa. ¿La tienen?

2. AMLO jugará derecho: si gana, gana, y si pierde, pierde.

¡Ajá! La historia del personaje no miente. Nunca ha reconocido sus derrotas. Es más, ni siquiera reconoce las encuestas. En 2006, a partir del momento que le fueron adversas, descalificó todos los sondeos de opinión.

El tiempo no ha mellado ni su temple ni sus convicciones. Hace unas semanas hizo una declaración tronante: en 2006 ganamos por una diferencia de 10 puntos, pero nos robaron la elección. En 2012 nos impondremos con 20 puntos de diferencia.

Sólo los ingenuos -o los tontos- pueden negar la evidencia. AMLO tiene seis años en campaña, ya montó su red de apoyo (Morena) y tiene bajo su férula al Partido del Trabajo y Convergencia.

No hay forma que se baje de ese caballo a menos que él quiera. Pero no hay motivo ni razón para que lo quiera. Y por si fuera necesario: a confesión de parte, relevo de pruebas.

Allí está su declaración más reciente: "No me quieren ver en las boletas, pero no les voy a dar el gusto. Voy a estar en las boletas como candidato de un partido, dos o tres" (Reforma, 14/jul/11).

¿Entendiste, Marcelo, o es necesario que te lo expliquen?

3. La elección del Estado de México quedó atrás. Hay que ver para delante.

No. La elección en Edomex no quedó atrás, está adelante. El 2012 tiene ya su impronta. Los derrotados tienen nombre y apellido: Ebrard y "Los Chuchos".

Les pasó por encima una aplanadora y más vale que lo reconozcan. AMLO mostró su músculo y no hubo valiente que se resistiera.

Lo importante no es la victoria psicológica, que también es; sino la victoria política en toda la línea.

4. El responsable de la derrota en el Estado de México es AMLO.

A estas alturas del partido el debate resulta irrelevante. Pero además, para desgracia de Ebrard y "Los Chuchos", los números no avalan semejante tesis. Los votos sumados de Bravo Mena y Alejandro Encinas no superaron los sufragios por el candidato del PRI.

Por eso nadie le puede pasar la factura. El fracaso debería obligar a tirios y troyanos, perredistas y panistas, a emprender un examen de conciencia: ¿qué estamos haciendo mal? ¿Por qué desaparecieron los corredores azul y amarillo que existían en el Estado de México? ¿Qué han hecho bien los priistas?

En lugar de eso, los perredistas se han arropado en la denuncia de un gran fraude y, al hacerlo, entran en la lógica y el discurso de AMLO.

5. En torno a Marcelo Ebrard se podría forjar una amplia alianza que incluyera al PAN.

El delirio perredista alcanza a Ebrard, "Los Chuchos" e incluso al propio fundador del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas.

La amplia alianza que imaginan y desean para el 2012 es la del jinete y el caballo, es decir, la ven con buenos ojos, la aclaman y promueven, siempre y cuando el candidato sea Ebrard.

La otra posibilidad, Josefina Vázquez Mota, Creel o Cordero, ni siquiera la consideran. No la ven ni la oyen.

El proyecto, sin embargo, no se sostiene. Aun cuando pudiera contar, cosa que no es imposible, con la bendición de Felipe Calderón, el PAN y el electorado panista, para no hablar de los independientes, no entrarían en esa lógica.

Pero hay algo más. Semejante propuesta, por irreal que sea, impulsa la carrera de AMLO por la candidatura del PRD a la Presidencia. Le da armas para denunciar la traición que cocinan Ebrard y "Los Chuchos".

6. Marcelo Ebrard irá hasta el final. Pase lo que pase, no cederá.

Falso. Ebrard irá tan lejos como se lo permita AMLO. De entrada, no es probable que el método de selección del candidato se limite a una encuesta abierta a toda la población.

En términos estrictamente lógicos ambos tienen argumentos fundados. Y frente a dos derechos encontrados, sentenciaba Marx, decide la fuerza.

Pero aún en el caso de que Ebrard impusiera su punto de vista y obtuviera la victoria en una consulta abierta, AMLO tendrá bajo la manga la solución final: yo seré candidato llueva o truene, aunque sólo sea por PT y Convergencia, o te sumas o te atienes a las consecuencias, que incluyen una ruptura del PRD. Fin de la historia.

7. Nueva Izquierda se fajará y no permitirá que AMLO se salga con la suya, a menos, claro está, que obtenga la victoria por el método acordado.

¡Sí, cómo no! El PRD no es una formación de corrientes ideológicas, es un partido de tribus e intereses. Su verdadera cohesión está en el presupuesto y nadie quiere perdérselo. Amén.

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