agosto 04, 2011

Reflexión imaginaria

Jorge G. Castañeda (@JorgeGCastaneda)
jorgegcastaneda@gmail.com
Reforma

Como casi siempre, las recientes declaraciones de Vicente Fox sobre las perspectivas del retorno del PRI al poder en 2012 causaron revuelo: en las filas de su partido, en la comentocracia, e incluso entre algunos priistas que aprovecharon la oportunidad para meter cizaña. En el fondo Fox no dijo nada del otro mundo, simplemente que tenía ideas sobre las elecciones de 2012, y que consideraba que el gobernador del Edomex pertenecía a una nueva generación de priistas nacidos políticamente en la democracia. Detrás de esto, sin embargo, quizás hay algo más que un exabrupto de Fox, o un nuevo pronóstico sobre el resultado.

Nunca le he disputado a mi querido amigo Rubén Aguilar el privilegio de ser el intérprete y traductor de Fox. Nadie lo ha hecho tan bien como él, y sólo podemos lamentar que los sucesores de Fox y Aguilar hayan decidido suprimir esa función. Por tanto, no trataré de explicar lo que quiso decir Fox con estas declaraciones, porque no tendría la más remota idea. De lo que sí tengo idea es de cómo piensa Fox en general, y de cómo piensan, en general, los expresidentes de México a propósito de lo que viene después de su primer sexenio de travesía en el desierto. Hay mucha gente en México que conoce mejor que yo a uno u otro expresidente; pero posiblemente tenga yo más familiaridad que muchos con el conjunto de expresidentes, y sin tener una relación muy cercana con alguno de ellos. Por eso, y porque en una cena hace un año en su casa en Guanajuato, en compañía de Marta Sahagún y de Héctor Aguilar Camín, escuché parte del pensamiento de Fox sobre las elecciones de 2012 atrevo lo que sigue. No es ni mucho menos lo que Fox dijo, ni lo que quiso decir, ni lo que el propio Fox pueda verbalizar fehacientemente. Pero creo que es lo que lo mueve. El primer Presidente de la alternancia en México ha sido sujeto, como todos sus predecesores, a la ley del hielo aplicada por su sucesor. Al día de hoy Felipe Calderón no ha visitado el Centro Fox, maltrató a buena parte de los colaboradores de Fox, y ha filtrado un doble subtexto de lo que piensa de ese sexenio: irresponsabilidad y negligencia en el combate al narco; y frivolidad, ignorancia, incultura, falta de solemnidad y de respeto por la investidura en la forma de gobernar. Y un pecado más: gobernar, justamente, más con personas ajenas al PAN que con panistas duros. Me figuro la siguiente reflexión: Fox piensa "yo no soy muy responsable, soy inculto e ignorante, quizás no muy inteligente, no me puse la camiseta del PAN, no fui un gran político capaz de construir alianzas, ni de lograr resultados extraordinarios en materia económica, social e internacional, o de aprobar reformas importantes, en pocas palabras fui medio pendejo". Pero Fox puede también pensar: "aunque pude hacer algo importante: entregar la Presidencia a un candidato ganador del PAN que no era mi candidato, pero que terminó por serlo. Mi sucesor inteligente, con una cultura superior a la mía, que le devolvió la solemnidad a la investidura y que sí tuvo los pantalones para enfrentar al narco, en otras palabras, que es un chingón, parece que no va a poder alcanzar este mismo objetivo: entregarle el poder al candidato del PAN en 2012".

Me da la impresión de que no se requiere de mucha más sabiduría ni perspicacia para entender los verdaderos motivos de Fox, sin duda inconscientes y desconocidos para sí mismo, para decir lo que dijo sobre el PRI y Peña Nieto. Es muy probable que las declaraciones y sentimientos de Fox en los próximos meses incidan muy poco en el resultado del 2012, y es muy posible que él y sus allegados consideren que la explicación que doy es aberrante. Pero en una de esas valdría la pena buscarle por ahí: qué le hubiera respondido Pepito a su maestra cuando le preguntara: ¿qué quieres ser de grande, como Fox o como Calderón?

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