septiembre 20, 2011

Coaliciones de gobierno

Federico Reyes Heroles
Reforma

"No perdamos el tiempo en vanas discusiones y atendamos lo fundamental". Habla la joven sargenta Evelyn Zárate Blanco, lo hace frente a los más altos representantes de los tres Poderes de la Unión. "Ante mármoles y bronces" la sentencia fue precisa para quien quiera leerla. El avance de la democracia, la alternancia en los tres órdenes de gobierno, no ha traído mayor eficacia de gobierno. El descontento popular con la democracia es asunto muy grave. El poder se ha concentrado en las dirigencias partidarias embelesadas en la conquista de posiciones, del poder por sí mismo. No hay hoy mejores propuestas ni principios renovados. Por el contrario, galopa una grosera confusión ética.

El Partido Verde y sus multimillonarios presupuestos en manos de una familia son ya una tradición; el líder sindical de una de las entidades gremiales más corruptas de nuestra historia, recibiendo abrazos y dineros tanto de autoridades locales como federales; el alcalde de Monterrey sin brida partidaria burlándose de un mínimo sentido de vergüenza. Nepotismo y amiguismo institucionalizados en los máximos niveles y en todos los partidos. La degradación del liderazgo político nacional ya no resiste el análisis individual, casuístico. Hay algo sistémico. Saltimbanquis que brincan con habilidad circense de una posición a otra cambiando la cachucha partidaria. Los proyectos de gobierno, el cómo solucionar nuestros problemas, caen siempre a un segundo plano. Primero van los acomodos, no importa que el flamante secretario, director o el gobernador no tenga la menor experiencia, es cercano y con eso basta.

Pero los problemas no esperan. Las pensiones nos ahogan. Fiscalmente vivimos colgados del precio del petróleo. Los sistemas de seguridad social para todo fin práctico están quebrados. La universalización del servicio de salud no tiene una fórmula de financiamiento de largo plazo. El estrangulado sector petrolero nos anuncia su declive. Por supuesto que nunca había habido tantos mexicanos en el sistema educativo o con cobertura de seguridad social. Dejémonos de sofismas y engaños: nunca había habido tantos mexicanos en todo, punto. Lo inercial no puede ser orgullo.

El corporativismo está de regreso, gracias a la ratificación de la alianza entre las autoridades y el SNTE, ni siquiera podemos hoy saber cuántos maestros cobran en la nómina. El nudo es claro: México no está procesando los nuevos acuerdos que necesita para su conducción. El tiempo pasa y agrava los asuntos. La relación entre el Ejecutivo, el Legislativo y los partidos políticos está podrida. Ni las leyes que atienden a la desquiciada seguridad pública han podido cruzar por el pantano del Legislativo. Ya no digamos las reformas de fondo, la fiscal, la energética, la laboral, etcétera.

Llevamos años discutiendo cómo deshacer el nudo. ¿Mayorías artificiales? ¿Segunda vuelta? Imputar la parálisis a la esencia del gobierno dividido no siempre opera. Pero sí es claro que en México los tres grandes partidos nacionales no confluyen en acuerdos. La cultura pesa. Los panistas ven como traición mayor sentarse con los priistas. Los perredistas radicales imputan a la "la mafia" PAN-PRI de todos los males. La "mafia" tiene el 80% de los votos. Los priistas sólo quieren regresar, a cualquier costo. Hemos tenido muchas alianzas para conquistar el poder, pero no para cogobernar. Allí está el registro de los gobernadores atrapados por cuotas y posiciones de gobierno secuestradas por grupúsculos. Pero por fin surge algo nuevo, viable y que va al fondo.

Hace unos días en el Senado se presentó una iniciativa que busca llevar la figura de la coalición de gobierno, subrayo de gobierno, a la Constitución. La primera bocanada de aire fresco llega por el aval conjunto de los tres líderes de las bancadas senatoriales PAN, PRI y PRD. El hecho en sí es excepcional. La propuesta es clara: se busca crear mayorías gobernantes. Si el partido vencedor en las urnas no logra una mayoría absoluta podrá recurrir a este mecanismo semi-parlamentario por medio del cual se integran proyectos conjuntos que devienen en políticas públicas. Registradas en el Legislativo conforman una agenda pública de gobierno. Al mismo tiempo los integrantes del gabinete que surge de un gobierno de coalición son ratificados por el Senado. La coalición se revisa cada tres años. Del bloqueo sistemático a la cooperación, ése es el reto.

Casi tres lustros de inconsistencia programática, recordemos lo fiscal, de invocaciones de ese fantasma que se llama el "costo político", lo electoral siempre primero. Cientos de zancadillas de todos contra todos sin fin. La Generación del NO tiene ya su lugar en la historia. El costo en empleos, en bienestar, en salud y seguridad no halla medida. México no se merece este triste espectáculo. Hay salidas. Las coaliciones de gobierno deben ser consideradas con seriedad. Recordemos a Evelyn Zárate y atendamos lo fundamental antes de que sea demasiado tarde.

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