septiembre 22, 2011

Royal Tour con fondo de cristal

Manuel Ajenjo
El Economista

Una de las atracciones familiares de Acapulco, paraíso turístico devenido en infierno criminal, son los viajes en yates y lanchas con fondo de cristal que permiten a los visitantes contemplar la hermosa bahía no sólo en la superficie donde encuentran bellezas naturales como La Quebrada, La Roqueta y Piedra del Elefante, sino también observar por debajo del mar la flora y la fauna que aún subsisten, así como la imagen de la Virgen de los Mares, figura en bronce de la Guadalupana, instalada en una capilla submarina en el islote rocoso llamado La Yerbabuena, a la que los turistas ofrendan latas de cerveza y pañales desechables.

Hoy se estrenará para el público de la televisión de Estados Unidos el documental: México Royal Tour, dedicado a la promoción de los atractivos de nuestro país con la intención de posicionarlo como destino vacacional. La precitada producción contó con el patrocinio de la Fundación José Cuervo. (Me imagino que ésta algo tiene que ver con los shots de tequila que se recetan los visitantes gringos).

El encabezado de la presente columna me lo sugirieron la noticia de la gran premiere del promocional audiovisual turístico, aunada al discurso pronunciado el martes en Nueva York por el presidente Calderón, en el lanzamiento del proyecto Asociación para un Gobierno Abierto: “Hay que reconocer que durante años, quizá décadas, el gobierno de México fue una caja negra. Nadie sabía realmente lo que sucedía dentro de ella y, como se podrán imaginar, eso generó gravísimos problemas de corrupción. Cuando México transitó a la democracia una de las demandas sociales más fuertes era convertir esa caja negra en una caja de cristal”. El Mandatario mexicano puso ejemplos de cómo se ha cumplido con esta solicitud ciudadana por parte del gobierno federal. Pero reconoció, “que debemos profundizar mucho más y desarrollar instituciones y mecanismos más fuertes para la transparencia gubernamental, particularmente en los niveles estatal y municipal, donde aún no se ha avanzado en todas partes en la legislación ordinaria, así como es el Congreso o el Poder Judicial”.

El programa de televisión dedicado a difundir las bellezas naturales de nuestro país y el discurso presidencial sobre transparencia me hicieron concebir la idea de otro documental donde el espectador percibiera de manera paralela y contrastante los aspectos turísticos y la opacidad gubernamental. Esto es: ver a las nativas del Pacífico mexicano en las paradisiacas playas haciéndoles trencitas a las turistas y, de manera simultánea, contemplar a los funcionarios públicos haciéndoles transotas a los ciudadanos. Esta pieza fílmica, absurda e irrealizable, podría titularse: México -casino- Royal Tour con fondo de cristal.

¿Le muevo la panza?

La Presidencia de la República informó tener la expectativa de que la primera transmisión del programa cuente con una audiencia potencial de 100 millones de personas en Estados Unidos y 300 millones de televidentes a nivel mundial.

En México Royal Tour se verá a Felipe Calderón en compañía de Peter Greenberg, periodista especializado en viajes, hacer un recorrido por destinos turísticos destacados de nuestro país.

A través de YouTube es posible ver viñetas, escenas sueltas, avances, del documental donde el Jefe del Ejecutivo guía al visitante -Peter, lo llama con afecto-. La calidad fílmica de la producción es óptima y los lugares visitados muy bien elegidos. La música, cuando menos la de la presentación, suena a película de El Zorro, versión de Hollywood, más española que mexicana.

En los fragmentos que pueden verse en el portal de Internet mencionado se ve el entusiasta afán del Presidente -justo es reconocerlo- de mostrar al visitante los sitios de interés de manera participativa. Con arrojo y buen talante se arriesgó en prácticas deportivas de las consideradas extremas. En un lugar denominado Los Veranos, en Jalisco, Felipe Calderón le pone la muestra al huésped de lo que es deslizarse por una tirolesa. Con buen humor antes de arrojarse, se despide del visitante, como si ya no lo fuera a ver, “espero que disfrutes México”. Durante el viaje, las cámaras desde diversos ángulos muestran la belleza del paisaje, la gran altura que hay entre el aparato deslizador y el suelo, y la cara del Ejecutivo que no se ve muy relajado que digamos.

Entre los segmentos que vi, mediante los cuales me percaté de que somos una potencia turística y que además de Cancún, Vallarta o Los Cabos, tenemos lugares sensacionales que ni siquiera nosotros conocemos, hay escenas que, no sin reiterar el meritorio esfuerzo de Calderón como guía de turista, se prestan al humor negro y a la parodia.

Por ejemplo, el visitante y su cicerone descubren desde las alturas un cenote sagrado, se escucha la voz del anfitrión: “Para apaciguar al Señor de la lluvia, Chichén ofrecía sacrificios humanos de oro y jade en sumideros sagrados llamados cenotes”... Ahora en la imagen vemos a Calderón poniéndose el traje para bucear, continúa la voz que explica: “...que se creía era el hogar del Señor de la Muerte”. (Gulp -emitió la visita con pavor-) Luego se ve al Ejecutivo buceando -lo hace bien, en el fondo es un chingón-, mientras lo vemos, se escucha la voz de Peter que describe la gran belleza, la voz (fuera de cuadro) del periodista termina la cápsula así: “En el pasado varios buzos encontraron en algunos de estos cenotes esqueletos mayas antiguos con heridas que indicaban que habían sido sacrificios humanos”. (Aquí quiero imaginar a un gringo de Wyoming, amante de las aventuras terroríficas, que no espera que el documental termine para hablar a su agencia de viajes y reservar vuelo y hotel a Yucatán para el próximo fin de semana).

En Aquismón, San Luis Potosí, los protagonistas del programa turístico visitan la cueva conocida como El Sótano de las Golondrinas (372 metros de profundidad). Mientras se acercan a la entrada el invitado explica a la audiencia: “El Presidente dijo que en nuestra siguiente parada íbamos a hacer espeleología y que esta cueva iba a ser diferente a cualquiera de las que hubiera explorado antes”. En la siguiente imagen, con medidas precautorias, Calderón se acerca a la boca del sótano al tiempo que invita a Greenberg: “Ven a ver. Aquí está”. La cámara es el punto de vista de ambos: la entrada a la cueva es impresionante. Corte a: Visitante y guía que al mismo tiempo uno ve al otro sorprendido para enseguida, como si fueran Laura G., Cecilia Galeano y Omar Chaparro en Sabadazo presentando un número musical, exclamar al mismo tiempo: ¡Oh my God! Provistos de arneses Felipe y Peter descienden. ¿Estás asustado? -pregunta Peter- “No -es la contestación- de hecho estoy disfrutando”. Enseguida le asegura al gringo: “Además tengo otras tareas que son más peligrosas y difíciles”. (Como impulsar la candidatura de Ernesto Cordero). Luego Peter derrocha humor: “Señor Presidente, quiero decirle que si llegamos hasta el fondo y hay un Starbucks voy a estar muy decepcionado”.

Una más: el anfitrión y el periodista viajan en una lancha de remos por un río de la selva lacandona. Se detienen frente a la pared de un acantilado, Peter relata: “El acantilado está cubierto con imágenes prehistóricas que fueron pintadas, según dicen, con sangre humana” -¿de qué cartel era el tipo del que sacaron el material pictórico? ¿Del de Comex?-. La cámara muestra lo que ellos ven. Se escucha la voz del Presidente que describe las pinturas: “Ése es una especie de diablo y ese es un mono”. Luego Calderón afirma: “La sangre es de una persona soltera” y indica al convidado. Continúa como narrando una leyenda: “No se puede recibir la sangre de una persona casada, sólo de una soltera”. Y ¿por qué me miras a mí? -pregunta Greenberg-. “Porque eres soltero -le responde el preciso- así que eres el candidato perfecto”. (No comments)

Oí por ahí

Lo dijo Mark Twain, escritor estadounidense (1835-1910): “He descubierto que no hay mejor forma de saber si amas u odias a alguien que hacer un viaje con él”.

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