septiembre 15, 2011

Una de cal por las que van de pena

Carlos Marín
cmarin@milenio.com
El asalto a la razón
Milenio

Lo excepcional de que se resuelva un problema revelado por algún reportero me hace sostener que “los periodistas no servimos para nada…”.

Claro, como toda regla, ésta de mi cuño tiene sus excepciones:

El 2 de febrero di a conocer aquí que un acusado de violación agravada y tentativa de violación purgaba una condena de 11 años y estaba por cumplir cuatro en la cárcel pero que, adultas ya, las dos agraviadas descubrieron al verdadero criminal, dieron parte, y el depredador Héctor Reynaldo Jiménez Santiago fue identificado plenamente, además, por otras ¡seis! víctimas.

Antonio Ortega Gallardo fue sentenciado sin pruebas periciales ni careos, y jueces y magistrados confirmaron su “responsabilidad”, porque la Procuraduría del DF rechazaba la rectificación de las equivocadas y arrepentidas acusadoras.

Las evidencias documentales del atropello se las envié al procurador Miguel Ángel Mancera (ajeno a la detención del inocente), quien hizo lo necesario para el desenlace feliz: el 9 de septiembre, el presidente Felipe Calderón firmó el justiciero decreto de indulto.

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