octubre 22, 2011

Acabar con la violencia, no con el narco

Carlos Puig
masalla@gmail.com
Duda Razonable
Milenio

Calladamente, el gobierno ha cambiado la estrategia en su batalla hacia una que tiene que ver con reducir la violencia en lugar de acabar con todas las organizaciones criminales a la vez. No puede aceptarlo explícitamente, pero son varios los elementos que señalan este cambio que pone el foco en atacar con toda fuerza al grupo que genera más problemas de seguridad pública.

Eduardo Guerrero, que lleva años acumulando, sistematizando y analizando información sobre la crisis de seguridad y violencia que vive el país, no tiene duda: calladamente, el gobierno ha cambiado la estrategia en su batalla hacia una que tiene que ver con reducir la violencia en lugar de acabar con todas las organizaciones criminales a la vez o la de atrapar a sus líderes.

Me lo dijo esta semana en MILENIO Televisión y lo escribió en el documento “Seguridad, drogas y violencia en México”, presentado en Washington hace un par de semanas. El gobierno no puede aceptarlo explícitamente, pero, según Guerrero, son varios los elementos que señalan este cambio que pondría el foco en atacar con toda la fuerza a la organización que genera mayor violencia y problemas de seguridad pública:

“Primero, no hemos visto la detención o muerte de un líder criminal desde que fue muerto Nazario Moreno en diciembre de 2010. Desde 2011, la campaña mediática del gobierno dice que están enfrentando a ‘los criminales más violentos’. Los Zetas, la organización criminal responsable en buena parte del incremento de la violencia en los años 2010 y 2011, han sido identificados como el principal objetivo del gobierno. En julio de 2011, una serie de enfrentamientos entre las fuerzas federales y Los Zetas terminó con la muerte o captura de varios de los principales miembros del cártel. La operación Lince Norte incluyó la movilización masiva de miles de elementos del Ejército que supuestamente terminó con la confiscación de 722 vehículos y 23 aeronaves. En julio, la procuradora Marisela Morales advirtió que Los Zetas eran la más alta prioridad”.

Según documenta Guerrero, esto es una estrategia conjunta con los americanos, Los Zetas se han convertido en la principal amenaza de seguridad mexicana para el gobierno estadunidense. En julio de este año, Los Zetas fueron la única organización latinoamericana entre cuatro organizaciones criminales del mundo sancionadas por el gobierno de Obama.

De ser cierto, no será sencillo que el gobierno acepte públicamente este giro, pero tampoco importa demasiado. En principio porque sería la aceptación de que la estrategia de los primeros cuatro años —con su violencia y decenas de miles de muertes— pudo haber estado equivocada. Imposible en año electoral.

Lo que importa es saber si podría funcionar.

En medio del debate generado por las declaraciones del presidente Calderón a The New York Times sobre supuestas negociaciones con los narcos y las supuestas ganas que los nuevos priistas tienen de negociar, Jorge G. Castañeda, en su artículo de Reforma, “¿Negociar con narcos?, falso debate”, ve las declaraciones del Presidente desde otro ángulo: “Para dar una alternativa a la guerra fracasada contra la demanda en EU y la oferta en México, no se trata de negociar, sino de cambiar los incentivos, de tal manera que unos y otros (consumidores, productores, criminales, autoridades, etcétera) respondan a ellos de la manera en que se busca”.

Y se refiere a un artículo de Mark Kleiman en el ejemplar más reciente de Foreign Affairs, en el que en los párrafos finales el investigador estadunidense propone un cambio de estrategia que se parece mucho a lo que Guerrero describe como lo que ya está sucediendo en el país.

Cito a Kleiman:

“… Esas seis organizaciones (los cárteles mexicanos) son diferentes en su uso de la violencia; la violencia total en el país se reduciría si la participación de mercado cambiara a favor de las organizaciones menos violentas, o si cualquiera de las organizaciones redujera su nivel de violencia”.

Kleiman propone que el gobierno, después de un lapso, identifique a la organización que genera la mayor violencia y crisis de seguridad pública y la identifique como su prioridad para destruirla. Ni siquiera se necesitaría arrestar a sus líderes siempre y cuando la organización elegida padeciera suficiente presión como para hacerla poco competitiva.

Kleiman argumenta que la cooperación estadunidense podría ser clave en la nueva estrategia: “El punto de máxima vulnerabilidad para las organizaciones mexicanas podría no estar en México. Las agencias policiacas estadunidenses piensan que por cada organización de distribución en Estados Unidos, pueden identificar a una de las organizaciones mexicanas. Si la DEA anunciara que su proceso de selección de objetivos domésticos dará prioridad a la organización designada por México como la más violenta, el resultado seguramente será la búsqueda de nuevas fuentes de abastecimiento”.

La propuesta de Kleiman se basa en que la destrucción de la organización “más violenta” resultaría en su sustitución por organizaciones menos violentas. También podría provocar un aumento temporal de la violencia por la irrupción en procesos y relaciones existentes. “Pero en cualquier caso, si a la destrucción de la primera organización siguiera el anuncio de una nueva medición para saber cuál de las sobrevivientes es ahora la más violenta y se le aplicara el mismo tratamiento, habría suficiente presión para que los cárteles redujeran sus niveles de violencia”.

Si Los Zetas han sido la organización objetivo para “pilotear” esta nueva estrategia, lo sabremos pronto.

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