octubre 20, 2011

¿Balazos en el pie?

Yuriria Sierra (@YuririaSierra)
Nudo Gordiano
Excélsior

Lo resuelto el martes por la noche por la dirigencia blanquiazul es poco comprensible. No sólo por lo que hoy resultarán sus retahílas contra los priistas (¿pues no que mucha crítica a sus costumbres; el dedazo, una de ellas?), sino porque eligen el peor momento para rendir tributo a esa tradición que viene de los mejores tiempos del tricolor. Al menos, así será para quienes aspiren a un lugar en el Congreso.

Y con respecto a su candidatura presidencial, tantito peor. Esa quedará en manos exclusivas de los panistas, de sus miembros activos y adherentes que, juntos, suman poco más del millón 700 mil personas. Pareciera, entonces, que el PAN no entiende que está en último lugar de las encuestas, que desoye a quienes sí saben que acaso sólo con una elección abierta remontarían su desventaja.

Tanto Josefina Vázquez Mota como Santiago Creel le habían pedido a la dirigencia blanquiazul que la candidatura se resolviera en una encuesta abierta y no en una elección cerrada a la militancia. La razón es muy simple y, curiosamente, se comparte con la de Marcelo Ebrard en el PRD.

Y es que, según los pronósticos para 2012, si el PAN y el PRD deberán enfrentar a Enrique Peña Nieto, lógico sería que ambos partidos, yendo por separado en la contienda, eligieran al candidato con más probabilidades de crecer y no a quienes están mejor respaldados al interior de su partido que con la misma militancia.

Pongámoslo así: en el PAN, lo decidido parece más una estrategia para acabar con sus candidatos de perfil más completo, los más “liberales”, a quienes les pintaría mejor el panorama en caso de salir a buscar a los “desconvencidos”, a los que no son de ningún color. Y qué curioso, mala, muy mala coincidencia, que aquello se haya resuelto el mismo día en que Ernesto Cordero no había quedado tan bien parado en sus dotes como entrevistador. Si bien el ruido ayuda a posicionar, deberían, al menos, atraer el positivo.

Lo mismo podría pasar en el PRD si el miedo que a muchos les provoca el contradecir a Andrés Manuel los sigue invadiendo. El proceso, que aún está en “veremos”, y que decidirá al candidato perredista, sigue siendo un misterio. Sabemos que se realizará una consulta ciudadana; lo que no se ha dicho es si será bajo las mismas condiciones resueltas por su competencia blanquiazul o si aceptarán la propuesta del jefe de Gobierno capitalino de hacerla abierta, con el fin de ir tras los indecisos, ampliar el espectro, para que se vea que sí, que en lo que se está pensando es en la opinión de los ciudadanos.

Hace un par de días leía los números de una encuesta realizada por Ipsos Publics Affairs y que bien podría orientar, pese a lo que digan en la sede del gobierno legítimo, sobre lo riesgoso que sería para el PRD cerrar su consulta a la militancia, pues ese estudio tomó una muestra de personas mayores de 18 años sin ninguna filiación partidista y las dos preguntas que más llamaron mi atención:

En una consulta nacional, votaría por: Marcelo Ebrard 37%, AMLO 31%, el porcentaje restante se va en indecisos.

Nunca votaría por: AMLO 23%, Marcelo Ebrard 9%, el resto lo completan indecisos.

El primer dato nos arroja positivos, el segundo nos da los negativos. Usando la lógica, es fácil entender por qué Andrés Manuel llegó a su tope de rentabilidad electoral. Quien lo apoya, seguirá haciéndolo, y con algunas probabilidades de cambiar de opinión; pero sus odios están muy arraigados, difícilmente quienes se decepcionaron de él y su aferre a la Presidencia votarían por él de nuevo.

Al PRD le queda hoy la lección de lo que decidió el PAN, ese rarísimo camino que eligió y que los está limitando, desde ahora, a quedarse sólo con la fuerza política de sus militantes. Y es que, para serle competitivos a un PRI que va recuperando adeptos, y que tiene muy bien perfilado a uno de sus precandidatos, necesitarían, ambos partidos, abrir filas y no cerrarlas.

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