octubre 20, 2011

Calderón tampoco sabía que eran tantos los traidores

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

¿Cuántas veces tendrán que arriesgar sus vidas nuestros marinos y nuestros soldados para detener a los mismos delincuentes?

En cuanto a los agentes de los diferentes cuerpos policíacos, los hay que son honrados, aparte de valientes, y estos hombres de seguro aprietan también la mandíbula cuando comprueban que aquel asesino que lograron capturar se escapó misteriosamente (o, a decir verdad, no tan misteriosamente) de una prisión o, peor aún, cuando se enteran de que algún juez extrañamente consintiente (o, nuevamente, no tan extrañamente) lo dejó en libertad.

Volvemos a lo mismo de siempre, lectores: sin justicia no puede haber seguridad. Y no se refiere aquí el término justicia a la igualdad social —que también importa y también influye en la cuestión, y mucho—, sino al aparato legal del Estado, al Poder Judicial, encargado, a través de sus instituciones y sus organismos, de hacer respetar las leyes.

Qué desmoralizante debe ser para aquellos que combaten en primera línea, y que arriesgan el pellejo sin recibir siquiera una remuneración decorosa —por no hablar del poco prestigio del que gozan entre los ciudadanos (¿acaso no señaló Javier Sicilia que el Ejército y la Marina se “envilecían” al perseguir a los delincuentes en vez de abocarse a tareas, digamos, más elevadas como, por ejemplo, la defensa del territorio nacional en caso de que algún extraño enemigo profanara con su planta el suelo patrio?)—, constatar que la tarea hay que recomenzarla cada vez, que los desvelos no han servido de nada y que la batalla está perdida porque, como se dice en el habla cotidiana, enfrentan a “dos enemigos y un traidor”.

La confianza es un capital valiosísimo y en este país ya lo hemos perdido. Se ha creado así un pavoroso círculo vicioso de recelos, dudas, prevenciones y sospechas mientras que, del otro lado, unos canallas sin humanidad alguna amenazan a una población indefensa. Aquí, la guerra es por partida doble: contra el adversario de fuera y contra los desertores de casa. Mal negocio.

No hay comentarios.: