octubre 31, 2011

Es la hora inédita de México

Vicente Fox Quesada (@vicentefoxque)
Ex presidente de México
El Universal

El costo para México ya es demasiado alto... y el futuro se vislumbra peor.El impacto en la economía, en el empleo, en la inversión, en el turismo, en los talentos que se fugan, en la tranquilidad, en la confianza y en la esperanza es ya demasiado costoso en comparación con los males menores, quizá inevitables cuando buscamos el camino a la paz y la tranquilidad.

Todos sabemos que en un escenario de armonía y paz es donde los seres humanos damos nuestro mejor rendimiento y alcanzamos los mayores logros.

¡Tenemos que salir de esta trampa!

Debemos avanzar hacia una reducción significativa de la violencia.

La imagen de nuestro México, la esperanza y el futuro reclaman de todos aportar ideas y soluciones. Es lo menos que podemos hacer.

El cambio, lo nuevo, el pasar a un nuevo paradigma, reclama audacia, imaginación y coraje. Como decía Albert Einstein: “Hay que cuestionar el conocimiento convencional, hay que retar lo hasta hoy establecido.”

Hoy se han derrumbado muchas prohibiciones, mitos y creencias del pasado.

Estamos frente a la última frontera de los esquemas viejos sobre la droga, la cual ya está en un proceso de empuje incontenible hacia un nuevo paradigma.

La última encuesta nacional en Estados Unidos sobre consumo de drogas marca un 50% de aprobación para su legalización; en Canadá ya se han emitido regulaciones para su forma de uso; 14 estados de la Unión Americana han aprobado el uso médico de las drogas; Holanda y Portugal ya han hecho legalizaciones; de hecho, en México no está penalizado consumir.

En mi artículo anterior aparecieron ideas que han probado ser útiles para avanzar hacia una especie de cese al fuego y para restaurar y reiniciar estrategias adicionales con la vista puesta en la concordia, el orden y la pacificación. La disminución paulatina del Ejército en las calles puede ser una señal positiva en este sentido.

La aplicación de la ley es una obligación del Estado. No hablo de terminar con este mandato fundamental. Hablo de ejercerlo de una mejor manera, pero sobre todo de sumar más y más estrategias que contribuyan a este propósito. Hablo de asegurar, antes que nada, el respeto a los derechos humanos y al debido proceso jurídico al que todos tenemos derecho: o alcanzamos la plena garantía de todas las libertades o, en su defecto, el éxito será uno pírrico e incompleto.

No podemos siquiera pensar que la violencia frene a la violencia y que la aniquilación sea el único camino.

A cambio debemos reflexionar: ¿cuántos de los jóvenes muertos —considerados criminales o distribuidores y/o consumidores de droga— eran rescatables?, ¿cuántos de los jóvenes y de quienes los mataron o quienes hoy engrosan los cárteles cambiarían de vida, serían rehabilitados si tuvieran mejores oportunidades y alternativas de vida? Se trata de cambiar los incentivos, ponerlos hacia donde está el camino del bien.

No es nuevo negociar, dialogar... La amnistía, el perdón, la rehabilitación son caminos ampliamente utilizados en cualquier parte del mundo en cualquier sociedad y democracia.

El perdón y la compasión son dos grandes virtudes humanas a disposición de una sociedad, una persona o un gobierno.

Por medio del diálogo, el Marcos que se rebeló para derrocar al gobierno, que atacó a las fuerzas del Estado, el que pretendió seccionar Chiapas de nuestro territorio, por fin cambió y buscó representar un movimiento social que reivindicara a nuestras poblaciones indígenas.

Los presidentes de Colombia —Gaviria, Michelsen, Pastrana— buscaron el diálogo con los cárteles, guerrilleros y criminales en una búsqueda apasionada por la paz y la concordia, el más alto valor al que puede aspirar una sociedad. Propusieron condonación de penas, respeto de patrimonio o intercambio humanitario, bajo el sometimiento a la justicia colombiana, el respeto a la ley y el abandono de actividades delictivas.

No se trata de negociar, sino de cambiar los incentivos. ¿Por qué no podemos pensar que los propios cárteles negocien entre sí, sin necesidad de violencia y muerte?

La tarea de aplicación de la ley debe ser permanente, con estrategias policiacas operadas por cuerpos policiacos profesionales y eficientes. Pero si cambiamos la ley, la responsabilidad del gobierno también cambia y ahora dedicará sus esfuerzos, capacidades y presupuestos a atender el problema de salud, a generar programas focalizados para los jóvenes en las ciudades, comunidades, colonias y barrios, donde están criminales, pandilleros y adictos, llevándoles oportunidades de empleo, de ocupación productiva, de estudio, de deporte, de desarrollo artístico y cultural, así como de sano esparcimiento.

Legalizar también es una gran salida de la trampa en la que estamos. Esa salida ofrece sustanciales beneficios, a saber:

—Separar la violencia y el crimen del tema de la salud.

—Disminuir el consumo, como sucedió en Portugal con la legalización.

—Reducir sustancialmente los ingresos de los cárteles.

—Poner en manos del gobierno presupuestos para informar, educar y prevenir.

—Destinar tiempo y recursos para atender otras formas extendidas de criminalidad.

—Educar en la capacidad de decidir, ejerciendo con responsabilidad nuestras libertades.

—Rescatar a los miles de jóvenes que hoy andan en el camino equivocado y que son en buena medida el futuro del país.

—Retornar al crecimiento económico y a la generación de oportunidades para que nuestro país vaya hacia adelante y no sólo vea pasar a los demás.

Instituciones internacionales que estudian esta problemática como la Comisión Global de Políticas sobre las Drogas y el Instituto Cato, instituciones académicas nacionales como la UNAM, así como intelectuales de la talla de Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco, Héctor Aguilar Camín, Jorge Castañeda y el ex presidente de México doctor Ernesto Zedillo se han pronunciado a favor de un cambio de paradigma como medida para erradicar la violencia.

Somos un gran país, debemos salir de la trampa en que estamos al menor costo posible, para volver a ocupar nuestro lugar en el mundo.

Es el tiempo de ideas nuevas, audaces, del pensamiento lateral y creativo.

Cuando lo que hemos hecho no da resultado, es momento de que intentemos cosas nuevas.

Anteponiendo en primer término el valor fundamental de la paz, la concordia, la certidumbre, la legalidad, todos los países se ven precisados a manejar un margen de tolerancia, como ya ocurre ahora mismo con los testigos protegidos tanto en Estados Unidos como en México; los gobiernos ordenan y regulan estos temas en aras del mejor resultado al menor costo posible.

Recuperar el momento positivo, optimista, de esperanza y futuro, es lo que importa en esta hora inédita de México.

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