octubre 15, 2011

Es López

Jaime Sánchez Susarrey
Reforma

No hay que darle muchas vueltas a las cosas. A menos que suceda algo verdaderamente extraordinario -un milagro en sentido estricto-, López Obrador será el candidato de la izquierda

No tiene vuelta de hoja. La tendencia es irreversible. Marcelo baja, AMLO sube. La encuesta Mitofsky (septiembre, 11) entre simpatizantes del PRD otorga 71 por ciento a López vs. 18 por ciento a Ebrard.

El mes pasado (Mitofsky, agosto 11) la diferencia era menor: 64 por ciento vs. 27 por ciento. Los puntos que pierde Ebrard (9), los gana AMLO (7). La proporción ahora es de 4 a 1. En agosto era de 2 a 1.

Entre los ciudadanos independientes la diferencia es mucho menor, pero también favorece a López: 31 por ciento vs. 27.8 por ciento.

Pero además, en una contienda contra Josefina Vázquez Mota y Peña Nieto, las intenciones de voto por López, 16.9 por ciento, superan el 14.7 por ciento de Marcelo, es decir, "el rayito de esperanza" es más competitivo como candidato único de la izquierda.

En el escenario de una elección con dos candidatos de izquierda, López -postulado por Convergencia y PT- obtendría el 51.5 por ciento de votos perredistas contra 35.9 por ciento para Ebrard. La diferencia es abrumadora.

Pero lo más grave es que, bajo ese escenario de una izquierda dividida, AMLO obtiene el 10.6 por ciento de los ciudadanos independientes contra el 4.9 por ciento de Marcelo. La diferencia es 2 a 1.

Y si se considera a todos los ciudadanos (simpatizantes de cualquier partido e independientes), bajo el esquema de una izquierda dividida, los resultados son los siguientes: Peña Nieto 48.4 por ciento, Vázquez Mota 15.7 por ciento, AMLO 9.6 por ciento y Ebrard 6.4 por ciento.

Todo lo anterior significa dos cosas: una, que AMLO supera al jefe de Gobierno de la Ciudad de México en todos los escenarios y sectores de la población. Otra, que la izquierda dividida se hundirá irremediablemente en el tercer y cuarto sitios.

Para completar el cuadro, la eventual coalición PAN-PRD en el contexto de una izquierda dividida no favorece a Ebrard entre los perredistas: 21.9 por ciento votarían por él vs. 62.4 por ciento por AMLO.

Sin embargo, la tendencia se invierte entre los panistas: 54.4 por ciento sufragaría por Ebrard vs. 1.9 por ciento por López. Pero esa ventaja se diluye cuando se refiere al conjunto de los ciudadanos: 14.8 por ciento por Ebrard (PAN-PRD), 11.5 por ciento por AMLO (PT, Convergencia), 49 por ciento por Peña Nieto.

Así que hay un sólo escenario favorable para Ebrard, que supone una coalición PAN-PRD, pero ese esquema aleja al votante perredista y se traduce en una derrota inevitable.

Hay, por último, un factor adicional: AMLO es el precandidato más conocido: 96.2 por ciento lo identifica; supera incluso a Peña Nieto que tiene 93.3 por ciento. Ebrard, por su parte, se sitúa en 72.9 por ciento. Si bien es cierto que AMLO registra un saldo de opinión negativa de 7.7 por ciento contra 4.4 por ciento de opiniones positivas de Ebrard.

Ante la contundencia de los porcentajes anteriores, los ebrardistas pueden responder (se) que las encuestas son una foto instantánea, como toda foto, y que en consecuencia no hay que otorgarles un valor definitivo. Argumento que tiene una dosis de verdad, pero no suficiente para disipar el negro panorama.

Primero, porque el método aceptado para elegir al candidato de la izquierda es justamente la elaboración de una o dos encuestas.

Segundo, porque estamos ante una tendencia: AMLO va al alza y Marcelo a la baja.

Tercero, porque la encuesta deberá celebrarse el mes de noviembre, que ya está aquí.

Cuarto, porque el rechazo de los perredistas a la estrategia de las alianzas es cada vez más alto.

Quinto, porque la probabilidad de una alianza PAN-PRD es muy reducida, por no decir nula.

Y, sexto, porque AMLO jamás abandonaría la contienda para dejarle el paso libre al contubernio de "los chuchos" con "la mafia".

Así que no hay que darle muchas vueltas a las cosas. A menos que suceda algo verdaderamente extraordinario -un milagro en sentido estricto-, López Obrador será el candidato de la izquierda. Y lo será por las buenas, es decir, como resultado de la encuesta o encuestas que se celebren.

Hecho que no deja de ser paradójico. El "rayito de esperanza", a lo largo de su vida, ha descalificado las encuestas. A principios de 2006, entre marzo y abril, las tendencias de la totalidad de las casas encuestadoras -incluida Covarrubias y Asociados, que trabajaba para él- le eran adversas porque registraban un empate con Felipe Calderón.

En respuesta, "el rayito de esperanza" tronó contra todas ellas y las descalificó. Inventó sus propios números y declaró desde entonces hasta los días previos al 2 de julio que llevaba una ventaja de 10 puntos y que su victoria estaba asegurada.

Esos mismos "números" le sirvieron de asidero para denunciar un enorme fraude en su contra. El día de la elección se repitió la historia. Todas las compañías consignaban en las encuestas de salida un empate o una ligera ventaja de Felipe Calderón. Hubo una sola excepción: Covarrubias y Asociados que -como señalé arriba- trabajaba para López y le otorgó 2.4 puntos de ventaja.

Pero poco después, cuando empezaron los conteos rápidos, (basados en las actas de las casillas) todos -incluido el de Covarrubias y Asociados- coincidieron en que era una elección muy cerrada y le otorgaron una ligera ventaja a Calderón. Eso ocurrió el 2 de julio por la noche.

López no quiso ver ni oír y se embarcó en la denuncia del fraude electoral. Ahora, casi seis años después, se convertirá en candidato a la Presidencia de la República gracias a una encuesta. "Válida y legítima" porque ahora sí le favorece.

El "rayito de esperanza" ha vuelto por sus fueros... el conflicto poselectoral está de nuevo a la vuelta de la esquina.

No hay comentarios.: