octubre 29, 2011

La especialidad de la casa

Andrés Pascoe Rippey (@Andrespascoe)
apascoe@cronica.com.mx
Invasión retrofutura
La Crónica de Hoy

A última hora, casi como en película de terror, los países europeos accedieron a reducir la deuda de Grecia e impedir así su default. El quiebre de un país que usa el euro habría significado una caída de los mercados generales, y una profundización de las duras condiciones económicas del otrora continente iluminado.

Por tantos años América Latina miró a Europa como un sueño dorado: integrada, próspera, con seguridad social, repartición de la riqueza. Eran los años de los gobiernos progresistas, del gran pacto de la post guerra. Mientras nosotros nos matábamos unos a otros con dictaduras o guerras civiles, mientras nuestros gobiernos destruían la economía o se robaban todo, los europeos se veían tan, ¿cómo decirlo?, civilizados.

Ahora parecen un negro augurio del futuro: alto desempleo, endeudamiento crónico, creciente desprecio y discriminación contra los migrantes, creciente delincuencia. Mientras nuestra región entra en lo que debería ser su década —se pronostica que entre 2010 y 2020 daremos un gigantesco brinco económico y social—, vemos como el gran ejemplo se hunde de forma lenta pero segura.

El rescate de Grecia dio un respiro a la economía global, pero es una historia que estamos viendo casi cada semana: alguna inyección de capital hace que la bolsa suba por tres días y poco después vemos como los mercados vuelven a castigar a los Estados.

Nunca como ahora hemos visto la brutal mezquindad de los mercados: succionan recursos, condicionan confianzas, castigan todo lo que sea protección de los desaventajados. Estamos viendo como los accionistas apuestan siempre contra el Estado y el Estado sólo puede seguir dando. Es la demencia de la mujer golpeada por el marido alcohólico que de cualquier forma lo sigue amando. Hoy me pegaste, pero no por malo, por borracho; mañana te daré más y me querrás… aunque pasado mañana te vuelvas a emborrachar.

Mirando a España, por ejemplo, uno podría pensar que es la debacle de la izquierda. Pero tanto Sarkozy en Francia, Merkel en Alemania, Berlusconi en Italia y Brown en Inglaterra —todos de derecha— están a punto de quedar fuera del poder o en una crisis de credibilidad absoluta. No importa hoy a qué ideología adscribas: si estás en el poder, estás jodido. Si eres oposición, es un día de fiesta.

Y si eres migrante, bueno: el acabose.

Un reconocido economista decía el otro día que Europa debía sacar a Grecia del euro, dejarla devaluar —ya vimos que bien le va a un país cuando hace eso— y después, ya que se recupere, dejarla entrar de nuevo. Supongo que para un economista suena bien, pero la verdad es que es políticamente inmanejable: tener el euro sería como un pase semanal. Hoy sí, mañana no, pasado quizá. Imposible.

Mientras toda la unidad europea se sacude, es inevitable no pensar en el sueño de Bolívar: una Latinoamérica unida. Con una sola moneda. Viendo a Europa hoy, suena a la mayor locura. Imaginen que la economía de Brasil se colapsa porque, no sé, Guatemala no puede pagar sus deudas. ¿Quién querría correr ese riesgo?

Hay quienes acusan al estado solidario que muchos países europeos construyeron como el culpable. Entiendo sus argumentos —¡cómo se atreven a cobrarle impuestos a los ricos!— pero son tan frágiles como tristes. Esta crisis empezó en Estados Unidos y el americano promedio está mucho peor que el europeo promedio. No tiene ni buena educación, ni salud, ni siquiera derecho a protestar.

En los próximos años veremos a una Europa que, empobrecida, va lentamente recuperando su estabilidad tras haberle dado todo a unos mercados que nunca tuvieron ningún interés en la estabilidad, sino en justo lo contrario: ganar mucho muy rápido, lo cual genera inestabilidad en cualquier parte.

Y, dicen algunos, veremos a una América Latina pujante, que por sus condiciones demográficas, sociales y de recursos naturales, va derrotando a la pobreza poco a poco pero con decisión. ¿Sabremos aprender de Europa y tomar todo lo bueno —la seguridad social— pero protegiéndonos de lo malo?

A ojo de buen cubero, estoy seguro de que no aprenderemos nada. Es la especialidad de la casa.

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