octubre 31, 2011

La realidad de los perdedores

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

No deja de asombrarme la consustancial ferocidad del mercado. Es perfectamente comparable a la cruenta batalla que libran las especies para sobrevivir en el medio natural: unas resisten a lo largo de milenios enteros, gracias a un exitoso proceso de adaptación, y otras desaparecen simplemente de la faz de la tierra. No hay misericordia alguna en este proceso y, por lo visto, las eventuales intervenciones de la Divinidad se limitan, justamente, a asegurar la supervivencia de los más aptos. Tenemos así que los dinosaurios no existen más mientras que las cucarachas, por ejemplo, habrán de durar mucho más que los humanos. Y sí, señoras y señores, nuestra extinción está perfectamente prevista: avispados científicos nos describen, desde ya, un mundo poblado por ratas gigantescas y otras espantosas criaturas. Ah, y al final vendrá el fin de todos los fines, cuando el planeta entero se precipite en la masa incandescente del Sol. No habrá ahí ganadores ni perdedores: será la terminación de todo en este particular rincón del universo.

Mientras tanto, disculpándome ante ustedes de tan deprimente digresión, me permito volver al tema de la despiadada competencia en el mercado. Me llama muchísimo la atención, justamente, que una sociedad tan religiosa como la estadunidense no exhiba la más mínima piedad cuando una corporación se esfuma, con puestos de trabajo y todo, porque no encontró el camino de la productividad y el rendimiento. Y son ellos, nuestros píos vecinos, los primerísimos promotores de un modelo basado en la más descarnada competencia: vamos, hasta el fabuloso Steve Jobs hubo de atravesar su muy particular purgatorio: obligado a labrarse un nuevo futuro en Pixar y NeXT tras de haber sido echado de Apple sin mayores miramientos, estuvo a punto de quedarse sin un duro porque sus nuevas empresas no generaban utilidades. Lo salvó primeramente el éxito de Toy Story y luego terminó por abrirse paso gracias a su talento y su tenacidad. ¿Cuántas personas, sin embargo, se han quedado en el camino? Muchas. Demasiadas…

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