octubre 31, 2011

Mercantilismo, vivito y coleando

Arturo Damm Arnal (@ArturoDammArnal)
arturodamm@prodigy.net.mx
La Crónica de Hoy

El pasado viernes apareció, en El Financiero, un artículo de Alejandro Gómez Tamez, titulado Consumo nacional y mercado interno, en el cual apunta, correctamente, que para apuntalar el mercado interno se necesita “crear más empleos y que éstos estén mejor remunerados”, única manera de que la demanda por mercancías, y por lo tanto el consumo de bienes y servicios, aumente. Hasta aquí lo dicho por Gómez Tamez es correcto, corrección que desafortunadamente se pierde cuando el autor recomienda, “en el cortísimo plazo”, instrumentar, entre otras, las siguientes medidas: 1) “Ajustar la política monetaria para que lleve al tipo de cambio a un nivel que le dé competitividad a los productos nacionales (no se trata de tener un peso subvaluado, pero sí uno en equilibrio)” e 2) “Incrementar los aranceles al nivel máximo permitido por la Organización Mundial del Comercio (35%) en contra de aquellos países con los que no tenemos un acuerdo comercial y es bien sabido que realizan prácticas desleales de comercio como el dumping, por ejemplo: China y Vietnam”, medidas mercantilistas que apuntan en la dirección equivocada. ¿Por qué? Porque de implementarse el perjudicado sería, por el encarecimiento de las mercancías importadas, el consumidor nacional, ¡y no pocos productores nacionales!

Lo que Gómez Tamez pide (aunque contradictoriamente hable de tipo de cambio de equilibrio) es, uno, que por medio de la devaluación del peso frente al dólar se abaraten las exportaciones y encarezcan las importaciones, lo cual perjudicaría a los consumidores mexicanos de productos extranjeros, pudiendo beneficiar a algunos exportadores, y escribo pudiendo beneficiar a algunos exportadores porque no hay que olvidar que muchos exportadores mexicanos, antes de serlo, son importadores —de materia prima, de maquinaria y equipo, de tecnología, etc.— pudiendo también estar endeudados en dólares, razón por la cual la devaluación, por el lado de sus costos, los afectaría. En segundo lugar lo que está pidiendo Gómez Tamez, esta vez por obra y gracia del aumento en aranceles, es decir, de los impuestos con los que se gravan las importaciones, es el encarecimiento de las mercancías importadas, en perjuicio, nuevamente, de los consumidores nacionales de tales productos, y de los productores nacionales que importan antes de producir y de exportar.

Lo que Gómez Tamez pide, al más puro estilo del mercantilismo (¿quién dice que éste llegó a su fin, consecuencia de la publicación, en 1776, de La riqueza de las naciones de Adam Smith, en la segunda mitad del siglo XVIII?), es protección a favor de los productores nacionales y, como consecuencia inevitable de ello, agresión en contra de los consumidores, y entre proteger al productor nacional, y promover la producción nacional, hay una enorme diferencia.

Recordemos lo dicho por Bastiat: para calificar una política económica preguntémonos cuál será su efecto sobre el bienestar del consumidor, no sobre la rentabilidad del productor, sin olvidar, lo digo yo, que si el problema económico de fondo es el de la escasez, cualquier política que tenga como consecuencia el alza de precios lo agrava, pudiendo calificarse de antieconómica.

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