octubre 23, 2011

No hay hierbitas inocuas

Luis González de Alba
Se descubrió que...
Milenio

Están de moda tres tonterías. Una es vender un producto como “natural”, como si no lo fuera todo en el universo. Debe uno traducir “sin ingredientes químicos”, pero todo tiene ingredientes químicos: estamos hechos de carbono, hierro, potasio, calcio, entre otros elementos tan idénticos a los producidos por la industria que es imposible distinguir un átomo de nitrógeno “natural”, por ejemplo de composta, de uno industrial que vende en costales La casa del hortelano.

Otra es la sección de alimentos orgánicos. Una lechuga o cebolla, para no ser orgánica, debería ser de vidrio, y las hay para bonitos centros de mesa. Hasta de plástico serían orgánicas pues se derivan del petróleo: orgánico.

Tres: que si no es producto químico fabricado no hace daño. Los suplementos herbales, en todo caso, no sirven de nada, pero daño no hacen. No lo supo Sócrates, que sólo bebió un tesito de cicuta, hierba natural y orgánica. El veneno de una cascabel o una cobra es cien por ciento natural y orgánico.

Otros hemos pensado que los remedios herbales afectan porque hacen perder tiempo valioso al paciente: en lo que se hace infusiones de gordolobo, se pone magnetos en los huevos o le dan fricciones de aromaterapia, la enfermedad avanza.

Quienes así pensamos, nos equivocamos: no sólo hay pérdida de tiempo, sino daño directo. Al menos en ciertos casos. “Los tratamientos médicos complementarios y alternativos, tales como los suplementos herbales, se han vuelto cada vez más populares en los Estados Unidos, en especial entre los pacientes mayores y quienes padecen dolor crónico. Sin embargo, muchos de estos productos pueden tener serios y potencialmente dañinos efectos secundarios cuando se combinan con medicamentos prescritos después de una cirugía”, según artículo del Journal of the American Academy of Orthopaedic Surgeons.

La creencia implícita es sencilla: quizá no sirva, pero mal no me hace si no dejo el medicamento prescrito. Así que cerca de un 20 por ciento de quienes siguen una receta médica toman al mismo tiempo algún suplemento herbal. Y el porcentaje es mucho más alto, de 35 a 70 por ciento, entre pacientes que deberán someterse a cirugía con fines ortopédicos.

“Los remedios herbales se clasifican como suplementos, lo cual los exenta de las regulaciones para seguridad y eficacia que exige la U.S. Food and Drug Administration, dice David Rispler, director del Grand Rapids/Michigan State University Orthopedic Residency Program. Por eso “los remedios a base de hierbas en el mercado no se evalúan en amplios ensayos clínicos, y se dispone de poca información acerca de interacciones entre drogas y hierbas”.

Y como se venden bajo el sello de “naturales”, los consumidores asumen que es, por lo menos, un producto inocuo. Pero la combinación puede resultar dañina. Algunos ejemplos:

—La matricaria o manzanilla, el jengibre, la Hierba de San Juan, y el arándano pueden interferir con la warfarina, un anticoagulante empleado para prevenir trombosis, embolias y otros problemas circulatorios.

—Manzanilla, jengibre y gingko biloba pueden interferir con la aspirina.

—El ajo puede interferir con medicamentos anticoagulantes e inmunosupresores como la ciclosporina empleada para prevenir el rechazo de trasplantes.

—La valeriana, de efectos sedantes, puede intensificar los anestésicos.

—La Hierba de San Juan puede interferir con drogas inmunosupresoras y producir rechazo de un órgano trasplantado.

—La alguna vez milagrosa Uña de Gato puede interferir con medicamentos para control de la hipertensión.

Así que la tesis “lo que no mata, engorda” es falsa.

Aromaterapia

Pero, ¿qué puede dañar un rico masaje con aromas? Supongamos que no tengan el efecto señalado: jazmín para x, azahar para y, rosa de Castilla para z…

Tampoco son inocuos. Envinmental Engineering Science publica un estudio realizado por investigadores taiwaneses encabezados por Der-Jen Hsu. Probaron fragancias y aceites herbales chinos para localizar subproductos denominados aerosoles orgánicos secundarios que pueden producir irritación de vías respiratorias y de ojos. En una cámara de ambiente controlado hicieron diversas pruebas. También analizaron muestras de aire en diversos centros SPA que ofrecen masajes con aceites perfumados. Concluyeron que la contaminación del aire podía alcanzar niveles dañinos debidos a los contaminantes volátiles orgánicos presentes en la aromaterapia. “Characteristics of Air Pollutants and Assessment of Potential Exposure in Spa Centers during Aromatherapy”.

Los aceites con esencias de plantas, pueden despedir compuestos orgánicos que, en contacto con el ozono presente en aire, se transforman en los mencionados aerosoles contaminantes.

“El doctor Der-Jen Hsu y sus colegas han hecho un bonito trabajo al poner atención a riesgos de salud con frecuencia descuidados en centros de lujo que pretenden mejorar nuestro bienestar”, dice Domenico Grasso de la Universidad de Vermont.

Maravillas y misterios de la física cuántica, Cal y Arena 2010.

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