octubre 24, 2011

¿Nokia vs. iPhone? Nada que hacer

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Un tipo que aparece al mismo tiempo en las portadas de los tres semanarios más importantes del planeta —The Economist, Time y Newsweek— debe ser, con toda seguridad, un gran personaje. Y, sí, tal es la categoría de Steve Jobs.

El hombre no era ingeniero ni se había tampoco agenciado títulos rimbombantes en las muy prestigiosas universidades de su país. Pero, a punta de talento y de obstinados empeños, creó los más deslumbrantes productos tecnológicos que conocemos, los programas informáticos más eficaces y los diseños más elegantes.

La última vez que escribí mi acostumbrada apología de las invenciones de Jobs fui acusado, por una lectora, de ser tonto: la afición a la sencillez (y el propósito de no perder tiempo estúpidamente descargando drivers en una PC) son, por lo visto, pruebas fehacientes de incapacidad. Pues no, señora: los usuarios del Mac OS X y los compradores de las iMac somos, por el contrario, gente que disfruta de la inherente eficacia de sistemas operativos esencialmente intuitivos, es decir, programas que parecen adivinar, antes de que uno intente siquiera explorar las opciones de un menú o los recorridos en un teclado, las predisposiciones naturales de los humanos.

En la antedicha ocasión, compraba yo las farragosas prestaciones del Blackberry en oposición a la refinada simplicidad del iPhone. Hoy mismo, de parecida manera, no puedo menos que admirar la belleza de una iPad cuando la comparas con las otras tablets que te ofrece el mercado (una observación, a pesar de todo: los diseñadores de Samsung han logrado productos admirables) y, miren ustedes, el lanzamiento del iPhone 4S, a pesar de que significó una decepción para los consumidores que esperaban la versión 5, resultó en ventas millonarias. Lo dice el mercado, no lo digo yo.

Todo esto lo escribo, estimados lectores, con la cola entre las patas. Porque, han de saber ustedes, acabo de traicionar al bueno de Steve: compré un Nokia N8. Y, qué les puedo decir, lo encuentro horrible y enredoso. En el pecado está la penitencia.

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