octubre 27, 2011

Reformas retóricas

Carlos Elizondo Mayer-Serra (@carloselizondom)
elizondoms@yahoo.com.mx
Reforma

Hay una forma de estimular los acuerdos entre los partidos políticos en un Congreso: el temor a perder su curul si no colaboran. El riesgo de tener que acudir otra vez a las urnas porque se disuelve el parlamento puede impulsar la cooperación entre los legisladores. Por ello colaboran ortodoxos, laboristas y la derecha tradicional en el gobierno de Netanyahu en Israel.

Este sistema se llama parlamentarismo. La iniciativa para establecer la figura de gobiernos de coalición, presentada por el senador Beltrones y apoyada en un desplegado por 46 académicos y políticos parece, en contraste, apenas un ejercicio de buena voluntad. Hacer una reforma constitucional para permitir las coaliciones, si lo desea el gobernante en turno, es como poner en la Constitución que es deseable que nuestros congresistas actúen conforme al interés general. Es igual de vacío que reformar la ley de telecomunicaciones para que se puedan cobrar las llamadas por segundo. Nadie prohíbe hacer coaliciones o vender por segundo con las leyes vigentes. Nada obliga a hacerlo con las reformas propuestas.

Las reformas institucionales importantes no son las que sugieren comportamientos: son las que los hacen obligatorios. Si queremos propiciar la colaboración entre los partidos, construyamos un sistema parlamentario. Si queremos preservar algo del presidencialismo, sigamos el modelo francés. En éste, si no hay mayoría del partido del Presidente, la oposición nombra a un primer ministro y éste se vuelve el jefe de Gobierno, es decir, el encargado de llevar a cabo un plan de gobierno, con el apoyo de los parlamentarios que le dieron la mayoría.

Ninguna reforma es garantía de nada. Hay muchos países con sistema parlamentario que se quedan sin gobierno por mucho tiempo, como sucedió recientemente en Bélgica que duró 16 meses sin gobierno. Sin embargo, un sistema que castiga a los parlamentarios con el riesgo de quedarse sin trabajo es más sensible a la opinión del elector.

Además, el parlamentarismo obligaría a discutir el tema de la reelección. La última propuesta al respecto fue derrotada por el PRI en la Cámara de Diputados. Han votado como piensa la mayoría de nuestros ciudadanos, según las encuestas. El PRI, en un desplante de demócrata de ocasión, propuso vincular la reforma a algún tipo de consulta popular. Pero si realmente les importara el sentir ciudadano, habría que votar también sus salarios y el dinero que reciben los partidos políticos, entre otras muchas cosas que defienden, pero que a la ciudadanía no le gustan nada.

El éxito de la mercadotecnia radica en cómo se presenta y promueve el producto. Si propusiéramos un paquete que incluyera menos diputados y todos de representación proporcional, elección de primer ministro y coalición de gobierno si el partido del Presidente no tiene mayoría, nuevas elecciones si no se ponen de acuerdo, una cantidad anual fija y notablemente menor a la actual de presupuesto público para cada partido (hubiese o no elecciones) y la transformación del IFE y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación en sendas instituciones nacionales que absorbieran a las locales (con lo cual el país ahorraría casi 5 mil millones de pesos), seguramente tendría un interesante apoyo ciudadano.

Éstos sí serían cambios de fondo. Ayudarían a propiciar la colaboración y el equilibrio entre los partidos y disminuirían el costo de nuestra democracia, además de mejorar la credibilidad de partidos y políticos en general. Pero, claro, implicaría afectar muchos intereses. Dudo que nos podamos poner de acuerdo para ello... como también dudo que nos podamos poner de acuerdo para formar gobiernos de coalición, como los que sugiere el senador Beltrones. Con todo, la suya es una mejor propuesta que la del ex gobernador Peña Nieto, la cual parte del supuesto que para resolver el problema de la falta de acuerdos hay que permitir que un partido sea sobre representado en el Legislativo, si su candidato a la Presidencia es el ganador. Estas falsas mayorías quizás logren acuerdos en temas importantes, pero a costa de limitar la representación de otras fuerzas sociales. Además, tener todo el poder ha mostrado -en el pasado a nivel nacional y todavía muy recientemente en varios estados como Coahuila- ser un riesgo. Este poder fácilmente se usa en beneficio de quien lo tiene, sin importar o considerar la opinión y los derechos de los ciudadanos.

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