octubre 28, 2011

Siete mil millones

Yuriria Sierra (@YuririaSierra)
Nudo Gordiano
Excélsior

Siete mil millones de personas, escrito con letra para agregarle drama, aunque tal vez, pienso, debió anotarse también en mayúsculas. El caso es que esa será la población que, según la ONU, alcanzaremos el próximo lunes. Imposible conocer el país exacto del arribo de ella, de la persona que, sí, se pronostica será una “ella”, una niña la que se integre a este mundo tan lleno y tan viejo. Es el continente africano el que la espera, territorio que hoy cuenta con cerca de mil millones de habitantes, el equivalente a 15% de la población de la Tierra y donde se espera que para 2100 sean más de tres mil millones.

Es inevitable pensar, aunque más que comprobado está, que el mundo se encuentra sobrepoblado. China es hoy el país con el mayor índice de población. En julio pasado, su conteo decía que eran ya mil 336 millones 718 mil quince personas, muy similar a la población de África, que en este año nos ha dado una de las más tristes realidades, la de los más de 30 mil niños que han muerto por hambre. Situación que rebasó cualquier intento de ayuda internacional. Y ésa, la hambruna, es hoy una de las principales preocupaciones de instancias como la ONU, al ser un problema que va de la mano del desarrollo o no de la economía de los países, de los que entran en crisis de forma repentina y de los que no han logrado nunca salir de ellas.

Y qué diferencias entre uno y otro continentes o entre un país y su vecino. Hay países cuyos gobiernos crean programas sociales para controlar su demografía, a base de una cultura de prevención familiar y, otros, cuya escasez de recursos los condena, no sólo al hambre, sino también a epidemias y a la caída a un pozo que parece no tener fondo porque, o es comida o medicinas o educación. Y vaya, la injusticia es tan grande que la mayoría de los casi siete mil millones que ahora somos tiene que vivir bajo esas condiciones.

Y hasta en un mismo continente, hay grandes diferencias entre la calidad de vida de Canadá y la de Perú, o la nuestra. ¡Y hasta dentro del mismo país! Donde las leyes de cada espacio dentro de él, como aquí en México, tratan distinto a sus ciudadanos y hasta los criminaliza, como lo que sucedió con el tema del aborto hace unas semanas en Baja California y San Luis Potosí.

Y es que, sobre ello, pienso en lo escuchado de la voz de la actriz Helen Mirren, cuando decía, en tono irónico, al que bien vale la pena darle crédito, que su aportación a la sustentabilidad era el no tener descendencia. Lo decidió, y qué libertad poder hacerlo.

Y es que hoy el trabajo de la ONU y sus dependencias está enfocado en buscar alternativas viables para permitir que todos, los siete mil que seremos, tengamos seguro un medio propicio, justo, equitativo. Aunque, claro, para llegar a ese punto habrá que resolver los cientos de problemas que hoy han provocado movimientos en varias partes del mundo. Porque lo cierto es que tal cantidad de población ha rebasado al sistema que forma gobiernos. Y la mejor forma de celebración para el arribo de la nueva inquilina del mundo será que los otros seis mil millones novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve sean quienes comiencen los cambios necesarios para que ella, y quienes le sigan, nazcan en un mundo más seguro en todos sus aspectos.

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