octubre 06, 2011

Steve Jobs más que la tecnología, cambió la cultura

Enrique Campos Suárez
Valores
El Economista

Su nombre queda inscrito entre los creadores del verdadero nuevo orden mundial.

El genio creativo y empresarial de Steven Paul Jobs queda al nivel de Bill Gates o Larry Page y Sergey Brin, entre los personajes que le dieron una cara diferente a la tecnología aplicada al consumo masivo.

Steve Jobs nunca creyó en lo convencional, por eso fue capaz de crear un mundo tecnológico paralelo. Pero esa incredulidad del mundo cotidiano le hizo no operar un tumor pancreático que descubrió en una etapa muy temprana.

El hombre que le dio una alternativa al mundo en muchos sentidos tecnológicos optó por el pesco-vegetarianismo que combina la comida del mar con los vegetales. Jobs estaba convencido de que los alimentos correctos en su cuerpo se encargarían de la enfermedad.

Y así, desde el 2003 que se descubrió la enfermedad, la salud de este genio nunca encontró un camino de recuperación.

Jobs siempre pospuso la vía quirúrgica para tratar su cáncer y mientras su cuerpo se deterioraba los accionistas de la empresa se ponían nerviosos por la salud de la cabeza indiscutible de este grupo.

Cuando finalmente en el 2004 optó por dejar de lado la dieta marina y optó por la cirugía, la mejora fue provisional porque el daño ya estaba hecho.

La noticia fue dada a conocer directamente por el portal de su empresa, por lo que no dejaba lugar a dudas. Claro que siempre quedaba la esperanza de que algún hacker hubiera logrado vulnerar el sitio de Apple y por lo tanto la noticia fuera falsa.

Pero no, a pesar de que los genios no deben morir, desafortunadamente tampoco fue tan sorprendente saber que Steve Jobs había muerto apenas a la edad de 56 años.

La historia de Jobs se presta para una crónica de otro tipo, pues es hijo de un par de estudiantes de la Universidad de Wisconsin que ante la imposibilidad de mantener a su hijo lo dieron en adopción.

De hecho, Steve es hijo de un profesor de Ciencia Política sirio, este genio habría crecido bajo el apellido Abdulfattah de su padre o Simpson de su madre. Pero Clara y Paul Jobs lo llevaron, no sólo a casa, sino a las fronteras del Silicon Valley en California, donde encontró su destino.

Su historia puede no ser muy diferente a la de otros jóvenes emprendedores de la época de expansión de las computadoras personales. En 1976 fundó la empresa Apple, que desarrolló equipos muy innovadores.

Pero su virtud no estuvo tanto en transformar el mundo tecnológico, como la cultura popular. Jobs no será recordado tanto por los sistemas operativos más intuitivos, sino por transformar la manera de escuchar música, de aplicar la tecnología a la vida cotidiana.

Este genio que ha muerto le entendía tan bien a las necesidades de sus clientes que en la lista de las empresas que fundó está Pixar, hoy propiedad de Disney, y que ha creado joyas cinematográficas creadas en toda su parte visual por computadoras.

Seguramente las acciones de Apple (AAPL) tendrán que guardar esta mañana el duelo que corresponde a perder al genio de la empresa, pero también es un hecho que la solidez de la empresa deberá encontrar su propio camino sin su fundador y guía máximo.

La primera piedra

Sin un centavo de por medio inyectado por parte del Banco de México, el peso recuperó más de 50 centavos frente al dólar con respecto a la cotización intradía de la jornada de ayer.

Esto muestra que el mercado está dominado en estos momentos por la especulación y que no es momento de tomar decisiones precipitadas con respecto al dólar.

Si ayer algún ahorrador hizo cálculos de que le convenía comprar dólares para proteger su dinero, fue y los compró a 14.10 en las casas de cambio; si hoy hubiera regresado a vender sus billetes verdes, le hubieran dado 12.80 por dólar. O sea, el peor negocio de su vida.

La especulación sí deja dinero, pero es un deporte extremo para los grandes tiburones de los mercados, que vaya que hacen dinero tirando y levantando monedas por todo el planeta.

Por lo pronto, el peso tuvo otro día turbulento, sólo que ahora los vientos de la especulación lo llevaron a los terrenos que nos gustan, a los de la revaluación.

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