octubre 13, 2011

Steve Jobs: un hombre contradictorio y genial

Dan Gillmor
Invitado
Milenio

Ayudó a crear Apple, la primera firma seria que fabricó computadoras personales, y después fue despedido por los directivos que él contrató; no obstante, sus años de alejamiento no fueron un desperdicio

Cuando los historiadores revisen la vida de Steve Jobs harán una crónica de un hombre genial y contradictorio. Pero para las legiones de fans de Apple se trata de un asunto personal. Jobs dirigió una compañía que se convirtió en una de las más importantes del mundo y probablemente la más amada por sus clientes, con una serie de productos innovadores y siempre elegantes, que llevaron valor y placer a la vida de la gente. Es por ello que observamos un increíble flujo de sentimientos genuinos por su deceso.

La carrera de Jobs fue sorprendente en todos los sentidos. Ayudó a crear Apple, la primera empresa seria de computadoras personales y fue despedido por los directivos que él contrató. Pero sus años de alejamiento no fueron un desperdicio. Dirigió el ascenso de Pixar hasta convertirse en uno de los estudios de cine más creativos del mundo al revolucionar la animación, y fundó un “fracaso”, Next, que fue el cimiento para el sistema operativo moderno de la mac.

Esos años le dieron el conocimiento y las aptitudes que necesitaba para dirigir a Apple en sus mejores años. Pero lo que lo distinguió de sus colegas fue un sentido exquisito de diseño del producto y la habilidad para intuir lo que quería y utilizaría la gente. Lo anterior, combinado con su aptitud de liderazgo (y arte de ventas), lo convirtieron en el directivo más formidable de los tiempos recientes.

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He sido un fan y seguidor del modo Apple, especialmente cuando era, por mucho, la mejor alternativa al imperio Microsoft (cuando era la mejor de su clase). Compré mi primer producto Apple en 1970.

Pero desde 2006, a medida que Apple se volvía cada vez más poderosa, me descubrí menos encantado con una empresa que apoyé con mis palabras y, en realidad, con decenas de miles de dólares de mi dinero. Steve Jobs, que había sido el luchador por la libertad, se estaba convirtiendo en el emperador, creando un régimen de secretos, manipulación y control para acompañar la continua innovación y hasta acelerándola.

La competencia todavía no ha logrado igualar esa unión de hardware y software, tan elegante, fácil de usar e informal. Pero el sentimiento de estilo que hizo tan popular a Apple se filtra cada vez más en los aparatos electrónicos que usamos hoy, sin importar quién los haga, y es muy probable que la tendencia continúe.

Esa es una razón por la que la transición amplia de Apple se ve difícil. El personal técnico y de diseño de la empresa es fenomenal, Jobs formó un equipo inigualable- y Tim Cook, su sucesor como director, ha desarrollado uno de los gigantes operativos más brillantes del mundo. Los productos que están en preparación sin duda mantendrán el impulso por, al menos, varios años más.

Pero por casi una década y media, este equipo inigualable ha dejado las decisiones esenciales en manos de la sensibilidad de diseño de Steve Jobs. Ahora él se ha ido. En los próximos años, todas esas decisiones —las elecciones más cruciales que hace una empresa de productos de consumo— estarán acompañadas por un toque de duda. Todos preguntarán, ¿habría elegido Steve esto en particular? Y nadie lo sabrá con seguridad.

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Mientras escribo esto, la página de Apple es conmovedora y puntual. Presenta una foto de Jobs en su mejor momento, después de haber regresado a Apple pero antes de la enfermedad que lo consumió.


Hoy envié un correo electrónico a mis estudiantes. En éste, y en mis redes sociales, hay un enlace a un video de un poderoso discurso que dio Jobs en una ceremonia de graduación de la Universidad de Stanford hace unos años. El poder iba más allá de su genio como un mago de los productos, vendedor enérgico y director, mostrando a un hombre que escuchó, aprendió y dirigió.

Lo que les dijo a los recién graduados podría ser el mejor legado de Steve Jobs: “Su tiempo es limitado, así que no lo malgasten viviendo la vida de otros. No se dejen atrapar por el dogma, que es vivir con los resultados del pensamiento de otras personas. No dejen que el ruido de las opiniones de terceros, ahoguen su propia voz interna. Y, lo más importante, tengan el valor de seguir su corazón e intuición.

De alguna manera éstos ya saben lo que ustedes realmente quieren llegar a ser. Todo lo demás es secundario”.

© The Guardian

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