octubre 12, 2011

Steve Jobs y los Nobel

Juan W. Zinser
juanwzinser@infosel.net.mx
Oncólogo médico del Instituto Nacional de Cancerología
Reforma

Hace unos días se designó a los premios Nobel, considerados legítimamente el mayor reconocimiento que se puede otorgar en varias disciplinas. De acuerdo con el legado de Alfredo Nobel son merecedores de recibirlo quienes han establecido un cambio trascendente para la humanidad; son quienes han cambiado el curso de la historia, por lo que la lista de muchos de los laureados ya forma parte de la historia universal. Los galardonados reciben su premio en Estocolmo el 10 de diciembre y son homenajeados y reconocidos por la sociedad en diferentes momentos a lo largo de sus vidas; difícilmente vuelven a ser ciudadanos normales, a pesar de que para la mayoría de la gente sean personajes desconocidos.

Coincidiendo con la semana de los Nobel 2011, falleció Steve Jobs y con ello se ha destacado la vida y legado de un personaje histórico. El reconocimiento que ha recibido este hombre por parte de la sociedad a nivel mundial es extraordinario. Su grandeza no radicó en cargos, títulos o premios recibidos, su impacto deriva del efecto que su obra ha tenido en la vida diaria de grandes sectores de la población. La presencia de Jobs en la opinión pública no resta mérito a ninguno de los ganadores del premio Nobel ni a sus grandes contribuciones, pero sí los coloca en un ámbito de dimensiones distintas. El trabajo de muchas de estas figuras se fortalece y legitimiza a partir del reconocimiento que les otorga la fundación Nobel. A diferencia de ellos, la imagen de Steve Jobs no necesitó de un premio Nobel ni pudo haber crecido más con títulos u otras preseas, por el contrario, en un futuro el reconocimiento a ciertos logros de carácter individual o colectivo podría engrandecerse con un premio que llevara el nombre de Steve Jobs.

Es lógico entender que algunos se resistan a compararlo con figuras como Leonardo da Vinci. Hemos crecido con la imagen de que la mayoría de los grandes personajes de la historia vivieron en épocas muy distantes. Nos cuesta trabajo identificar a un contemporáneo como parte de esa elite de la humanidad y más difícil todavía aceptar que pudiera tener mayores méritos e impacto que muchos de los grandes talentos del arte y la cultura universal. La obra de Jobs va más allá de lo bello, genial o admirable; por encima de todo es la influencia que de manera constructiva ha tenido en la cotidianidad de cientos de millones de personas.

Los múltiples inventos de Steve Jobs se han traducido y representan la esencia de lo que es un verdadero avance y no simplemente un descubrimiento o una novedad. Lograr que un adelanto nuevo no se restrinja a unos cuantos sino que penetre en la sociedad y la mejore es lo que auténticamente se puede calificar como avance. Para destacar más este punto veamos este ejemplo. Muchos de los descubrimientos e innovaciones en medicina, que los medios de comunicación justamente dan a conocer con grandes encabezados, no deberían de calificarse como verdaderos avances hasta que realmente beneficiaran a todos o cuando menos a la gran mayoría de los que lo requieren. ¿Dónde está el avance de un medicamento con potencial curativo que no es accesible a la mayoría de los que lo necesitan? ¿Qué tan avanzados estamos como comunidad si a raíz de enormes esfuerzos en investigación y de grandes logros científicos, anualmente se registran varios medicamentos que no son accesibles ni al 0.01% de la población? ¿Qué acaso Jobs para enriquecerse le vendió sus productos a unos cuantos?

La obra de Jobs ejemplifica cómo una persona puede aplicar su inteligencia para crear grandes productos que satisfacen y benefician a los demás y a su vez beneficiarse a sí mismo, en una escala, que en lo económico es superada por muy pocos en el mundo y por muchos menos con esa riqueza de manera tan equilibrada.

Sin poner a competir ni quitarle valor a grandes figuras de la historia, si retomamos el mensaje de Alfredo Nobel de reconocer a aquellas personas cuya obra ha generado un verdadero cambio en la sociedad, la trascendencia de Steve Jobs lo coloca como uno de los grandes de la historia y como un modelo a seguir cuando se quiera calificar como avance un invento o descubrimiento. Estos últimos podrían ser geniales y espectaculares, pero si no tienen la penetración que les permita alcanzar a los nichos de población indicados, la sociedad no logrará el desarrollo y bienestar necesarios para continuar avanzando.

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