noviembre 09, 2011

El alma y la mano de hule

Martín Bonfil Olivera (@martinbonfil65)
mbonfil@unam.mx
La ciencia por gusto
lacienciaporgusto.blogspot.com
Milenio

Las religiones creen en el alma inmortal, esencia de lo que somos. La ciencia, en cambio, mantiene una visión naturalista, en la que sólo hay cabida para fenómenos naturales.

Un ejemplo típicamente usado para sostener la existencia del alma son los llamados “viajes astrales”: experiencias en que supuestamente el alma sale del cuerpo y la persona puede observarse a sí misma.

Por eso me interesó tanto enterarme, por el bloguero Ed Yong, de un experimento que, con una mano de hule, muestra que dichas experiencias, lejos de ser sobrenaturales, son consecuencia de la forma en que nuestro cerebro construye el sentido del yo.

En la “ilusión de la mano de hule” se coloca la mano falsa sobre una mesa, paralela a la mano real del sujeto, que está oculta. Se acaricia la mano de hule y al mismo tiempo alguien acaricia su mano real, que no puede ver. Es frecuente que el sujeto experimente la extraña sensación de que la mano de hule es realmente su mano, aunque sepa que no es así. Esto revela que el sentido de propiedad sobre nuestro cuerpo no es algo fijo, sino que se construye constantemente a partir de información visual y de otros tipos, y que puede alterarse.

Katherine Thakkar reporta en la revista PLoS One que los pacientes con esquizofrenia experimentan la ilusión de la mano de hule mucho más intensamente que los pacientes sanos. Esto sugiere que el sentido del yo podría ser más débil en los primeros. Pero lo más sorprendente es el caso de RM, paciente esquizofrénico que desde los 16 años (hoy de 55) ha sufrido frecuentes experiencias extracorporales, muchas veces seguidas de ataques psicóticos: la mano de hule podía provocar en RM la sensación de salir de su cuerpo y estar observando la escena desde arriba, mientras giraba lentamente.

Nuestra alma no es sobrenatural, sino un fenómeno emergente de la compleja función de nuestro cerebro, pero no aislado, sino en relación estrecha con el cuerpo que lo aloja. Puede ser inquietante, pero siempre será mejor y más interesante comprender las bases reales de fenómenos como nuestra propia conciencia que recurrir a facilonas explicaciones “espirituales” que en realidad no explican nada.

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