noviembre 14, 2011

El ofendido

Denise Dresser
Reforma

No, no, no me voy, declara Humberto Moreira. Yo soy el ofendido, insiste. Todo es un linchamiento en mi contra, reitera. Se trata de una cacería de brujas, argumenta. La única licencia que pediré será la de manejo, bromea. Pero debajo de la palabrería resulta difícil ocultar la podredumbre. Debajo del cinismo asoman los documentos falsos. Debajo de los ataques al PRI queda claro qué tipo de partido es y sigue siendo. El que mantiene en sus puestos a pillos; el que acusa una guerra de lodo mientras defiende el lodazal que fue creando; el que denuncia la persecución de brujas mientras protege el aquelarre.

El PRI intentando ignorar el endeudamiento masivo -de casi 34 mil millones de pesos- que Moreira avaló. Los escritos falsos que Moreira conoció. Los funcionarios deshonestos del estado de Coahuila que Moreira cobijó. Documento apócrifo tras documento apócrifo exhibe un modus operandi: una forma de gobernar engañando, un estilo de ejercer el poder mintiendo, una manera de ejercer el mando amasando el botín. Allí están los folios reportados que pertenecían a otros créditos solicitados. Los integrantes sumisos y cómplices del Congreso de Coahuila que avalaron la contratación de la deuda. Los 12,500 pesos que han colocado -con ese endeudamiento- sobre los hombros de cada hombre, mujer y niño de la entidad. El enriquecimiento ilícito del protegido y ex-colaborador del presidente del PRI, Vicente Chaires. La degradación de la calificación crediticia del estado en cinco niveles por Standard and Poor's.

Y peor aún, el destino desconocido de esos recursos. No sabemos si se usaron para pagar propaganda en la television o si se desviaron para financiar campañas electorales en Durango, Zacatecas, Nayarit y el Estado de México o por qué no llegaron a la Comisión de Aguas donde estaban destinados o si se gastaron en los 500,000 monederos electrónicos que Humberto Moreira repartió para comprar la victoria electoral de su hermano Rubén. La deuda creció 80 veces pero el dinero contratado ilegalmente se usó de manera opaca y discrecional. Moreira alega que fue canalizado a obras de infraestructura pero no para proyectos que generen recursos para su amortización. Moreira comprometió el futuro de Coahuila pero para embolsárselo.

Y he allí los resultados de una estrategia tramposa pero políticamente protegida: después de las elecciones del 3 de julio se anuncian recortes a programas sociales como los Comedores de Gente Mayor y las Tarjetas del Hogar. El gobierno estatal simula una investigación, aprehendiendo al máximo responsable de las finanzas de Coahuila, sólo para liberarlo unas horas después. Las computadoras que contenían los datos de todos los empresarios coahuilenses que denunciaron al gobierno estatal son misteriosamente robadas. Y ante el peso de la deuda, el Congreso coahuilense autoriza el uso total del impuesto sobre nómina como garantía a los acreedores, los bancos. Coahuila capturada por la mafia de los Moreira; Coahuila secuestrada por un clan clientelar que en lugar de gobernar se dedica a succionar.

Coahuila es el caso más escandaloso y el mejor documentado, mas no el único. El patrón de gastar sin transparentar o endeudar sin justificar se reproduce a lo largo y a lo ancho del país. Habría que preguntarle a Enrique Peña Nieto sobre los créditos contratados a través de las figuras de asociaciones público-privadas: cuentas multimillonarias y sin fiscalización clara. Habría que preguntarle al ex gobernador por qué el estado que gobernó ocupa un lugar tan malo en el índice de transparencia del Instituto Mexicano para la Competitividad. Habría que preguntarle a la gobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega, sobre el endeudamiento que promovió y para qué usa cada peso conseguido.

Como ha sido sugerido en estas páginas por Gabriel Zaid, hay muchas acciones posibles -locales y federales, oficiales y ciudadanas- para evitar el abuso exhibido por el Moreiragate y otros que se le asemejan. En primer lugar, la exigencia de transparencia y también el condicionamiento de las fuentes financieras. Pero el primer paso tendría que ser pedir como país la renuncia inmediata de Humberto Moreira. Para que se le investigue como lo postula la ley, y se le castigue si la violó. Para que las cinco denuncias presentadas ante la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delitos Federales sean atendidas en vez de ser ignoradas. Para que el PRI pueda remontar la brecha cada vez más evidente entre el nuevo partido que dice ser y las viejas prácticas que todavía defiende.

Cristina Díaz, la secretaria general del PRI, afirma que las revelaciones documentadas sobre Humberto Moreira "forman parte de la estrategia de lodo que han hecho los partidos políticos por tratar de desviar la atención de nuestro objetivo, que es recuperar la Presidencia". Lo que no entiende la señora Díaz es que el lodo que envuelve a Moreira lo creó él, lo mezcló él, lo extendió él. Falsificando, manipulando, mintiendo, escondiendo. Y ante ese lodazal que el PRI insiste en negar, nosotros somos los ofendidos.

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