noviembre 15, 2011

Internet y el 2012

León Krauze (@Leon_Krauze)
leon@wradio.com.mx
Epicentro
Milenio

¿Cuál será el papel de las redes sociales en la elección presidencial del año que viene? No es una pregunta fácil de responder. Nos hemos acostumbrado a pensar en nuestro uso de Twitter, Facebook y demás como verdaderos puntos de inflexión en la manera como procesamos información y razonamos el voto. Y, en efecto, hay ejemplos de cómo las redes sociales pueden servir para difundir mensajes políticos y alentar el sufragio, sobre todo, claro, entre los más jóvenes. La capacidad informativa de la red fue fundamental para Barack Obama, que la utilizó no sólo para recaudar fondos, sino para cortar de raíz rumores sucios sobre su campaña y su persona. Al final, en ese 2008 histórico, Obama se benefició plenamente de las dos capacidades básicas de internet y su relación con la política: difusión de información y estímulo del voto. Pero las dos cosas son muy distintas, y supongo que el verdadero papel de las redes sociales en nuestra propia elección estará en los matices.

Primero lo primero: dudo mucho que Twitter, Facebook y demás herramientas puedan hacer una diferencia sustancial en el porcentaje final de votantes para este o aquel candidato en México. Aunque, por ejemplo, el número de perfiles de Facebook en México suena notable (alrededor de 30 millones), tengo la impresión de que la herramienta no tiene todavía la capacidad para consolidar bloques de votantes, sobre todo porque los usuarios no usan primordialmente las redes sociales en México para formarse opiniones políticas y porque, hasta donde conozco, no hay precedentes claros sobre cómo operar una campaña efectiva por ese medio en nuestro país. Además, de acuerdo con las últimas cifras de la AMIPCI, que se encarga de estudiar nuestras cifras y hábitos en la red, aunque la penetración de internet ha aumentado en México, el porcentaje de usuarios es aún deficiente en comparación con otros países. De manera crucial, el crecimiento se concentra en áreas urbanas y en los estratos económicos más altos. Los dispositivos portátiles conectados eficazmente a la red son pocos aún. Tampoco hay que olvidar que, de acuerdo con la misma asociación, los mexicanos usamos mucho internet para simplemente socializar o para entretenernos (videos y otros sitios similares) y poco para reflexionar (la cifra para uso de blogs está por debajo del promedio latinoamericano). Por todo lo anterior, dudo que las redes sociales —e internet en general— puedan, digamos, “mover” el resultado electoral en México. Claro: puedo equivocarme. Ya veremos.

Pero eso no quiere decir que las redes sociales no puedan tener un impacto de enorme relevancia el año que viene. En los últimos meses, la organización de la sociedad civil a través de la red ha sido admirable. Los internautas han ganado varias batallas, para la libertad del medio y, en algunos casos, para el país en general. Estos triunfos arrojan lecciones. Si bien creo que internet no tiene aún el alcance para impulsar el voto, no tengo ninguna duda de que puede fomentar el voto razonado. Por ejemplo, las redes sociales podrían ser fundamentales para la rendición de cuentas (de ahí que fuera tan deseable la reelección de legisladores). ¿Cómo? Muy simple. Por definición, las redes sociales son enemigas de la opacidad, de lo que se hace “en lo oscurito”, de la corrupción y la impunidad. Durante años, la operación de partidos y políticos se ha nutrido de todas esas, muy mexicanas, herramientas. En el 2012 nuestro uso de internet puede establecer estándares mayores de comportamiento para la clase política. Pienso, por ejemplo, en los escándalos recientes del indignante Partido Verde, vergonzosa rémora priista que solo ha servido para enriquecer a sus aún más patéticos dirigentes. O, por supuesto, en el Panal, mina de dinero e influencia política para el SNTE, una organización que no debería tener ni lo uno ni lo otro, o al menos no a través de un partido político. Si las redes sociales sirven el año que viene para exhibir los usos y costumbres de los remanentes más tóxicos del ogro filantrópico (y, como un cáncer, los hay en todos los partidos), internet en México habrá cumplido con su mejor potencial: libertad, información, progreso.

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