noviembre 05, 2011

¿Irresponsables o incapaces?

Jaime Sánchez Susarrey
Reforma

Un Consejo General del IFE mocho deberá repartir funciones entre seis consejeros en el contexto de una sobrerregulación absurda de las campañas y los medios electrónicos

Ambas cosas y por partida doble. El 7 de octubre pasado arrancó oficialmente el proceso electoral 2012. Sin embargo, el IFE sigue mocho. La Cámara de Diputados ha sido incapaz de remplazar a tres consejeros electorales.

Consecuentemente, la máxima autoridad del IFE está funcionando con sólo seis de los nueve consejeros que marca la Constitución. Por eso, hace cuatro semanas, Emilio Chuayffet, presidente de la Cámara de Diputados, afirmó: "Hemos violado la Constitución, en esa situación nos encontramos, lamentablemente, penosamente".

Y en efecto, según la Constitución los consejeros debían ser elegidos el 31 de octubre de 2010. Y la misma Constitución marca que el inicio oficial de las campañas por la Presidencia de la República debe contar con un Consejo General plenamente integrado.

El hecho es que los partidos, PAN, PRI, PRD, han sido incapaces de ponerse de acuerdo y han actuado de manera irresponsable. Pero además, se culpan los unos a los otros y no parece haber visos de que puedan alcanzar un acuerdo.

El nudo gordiano y las contradicciones están por todas partes.

Me explico. El procedimiento para nombrar a los consejeros consta de un triple mecanismo:

A) La Comisión de Gobernación de la Cámara de Diputados eligió por consenso de todos los partidos a 17 postulantes de entre más de 100 aspirantes y entregó el listado a la Junta de Coordinación Política.

B) La Junta, donde el PRI y el Verde tienen mayoría, designó una terna para ser votada en el pleno de la Cámara de Diputados.

C) La elección de los consejeros supone una mayoría compuesta (2/3 de los diputados), que no se alcanzó el pasado 6 de octubre.

Y es justamente allí donde está el entrampamiento. El PRI, junto con el Partido Verde, Convergencia y Partido del Trabajo, integró el trío. Pero no alcanzó la mayoría compuesta en el pleno de la Cámara porque el PRD y el PAN votaron en contra.

Por eso el debate y las acusaciones mutuas. Los priistas argumentan que la terna se seleccionó de entre los 17 postulantes que fueron elegidos con el visto bueno de todos los partidos, incluidos PAN y PRD. Y que no hay, en consecuencia, ningún argumento válido para vetar a alguno de los integrantes de la terna.

Los panistas y perredistas contraargumentan: 1) que el trío propuesto no contó con su consenso; 2) que dos de sus integrantes tienen una clara filiación priista; 3) que la conformación debe ser negociada en la Junta de Coordinación Política, lo que equivale a plantear un sistema de cuotas (un amarillo, un azul y un colorado).

En la misma lógica recuerdan que la elección de consejeros no debe reproducir el error de 2003. En esa ocasión el Consejo se integró con el voto PRI-PAN y el PRD quedó al margen. De ahí, dicen, que los perredistas vieran con desconfianza a la autoridad electoral desde antes del arranque de la campaña de 2006.

Las contradicciones en la argumentación de una y otra parte son evidentes. Los priistas tienen razón en subrayar que los 17 postulantes fueron electos por consenso y que, en consecuencia, ni el PAN ni el PRD tienen argumentos sólidos para descalificar a algunos de ellos.

Pero también es evidente que una terna integrada en la Junta de Coordinación Política por consenso es deseable y que más vale no repetir la experiencia de 2003.

Más allá de los argumentos, que los hay buenos de ambos lados, la cuestión en términos estrictamente políticos es que hay un empate entre el PRI y la "coalición" PAN-PRD. Los priistas pueden insistir y mandar nuevas ternas, pero una y otra vez serán rechazadas en el pleno de la Cámara.

Así que el dilema para los priistas es muy simple: o se resignan a negociar u optan por ir a la elección 2012 con un IFE mocho.

Para acabar de complicar el escenario hay que advertir que el PRD plantea reponer el procedimiento, es decir, integrar una nueva lista de postulantes para dar pie a otra negociación.

Esto, en buen castellano, significa que la posibilidad de un acuerdo se aleja y complica cada vez más. Porque la diferencia no está ya en la integración de la terna, sino en el procedimiento para conformar una lista de postulantes.

Las salidas para destrabar la negociación están a la vista. Menciono tres posibilidades:

Insacular el trío de los 17 postulantes.

Hacer tres listas de acuerdo al perfil -partidista- de los integrantes y dejar la elección a las contrapartes. Por ejemplo, el PRI seleccionaría de la lista perredista al que le pareciera menos malo y, así, sucesivamente.

O una combinatoria de ambas: hacer una selección de seis postulantes por el método de elección opuesta y luego efectuar una insaculación.

El verdadero problema está en que ninguno de los partidos tiene incentivos para ceder y todos parecen estar dispuestos a ir al 2012 con un IFE mocho.

Los riesgos de semejante opción son muy altos. De entrada, porque se dejan cabos sueltos para la impugnación de la legalidad del proceso electoral. Ahí está la declaración del propio Chuayffet: "hemos violado la Constitución".

Pero además, el riesgo de un empate en el Consejo se define por el número de sus integrantes: con nueve es simplemente imposible, con seis es una probabilidad real. Escenario indeseable siempre, pero temible en el caso de una elección reñida.

A lo que hay que añadir que un Consejo mocho deberá repartir funciones entre seis consejeros en el contexto de una sobrerregulación absurda de las campañas y los medios electrónicos.

Y, por último, está el riesgo de que la violencia irrumpa en cualquier forma en 2012, como ocurrió ya el jueves en La Piedad y el año pasado en Tamaulipas.

A nadie conviene un IFE mocho, pero al PRI mucho menos que a todos, porque hoy por hoy encabeza las encuestas hacia 2012.

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