noviembre 16, 2011

La (a)puesta del sol

Carlos Loret de Mola (@CarlosLoret)
carlosloret@yahoo.com.mx
Historias de un reportero
El Universal

Uno ganó y el otro optó por ganar en la derrota. Andrés Manuel López Obrador será candidato presidencial y Marcelo Ebrard -anuncio oficial de dedazo- decidirá al abanderado de la izquierda para sucederlo en el gobierno del Distrito Federal. Después de todo, funcionó "La apuesta de Ebrard", a la que hicimos referencia en estas "Historias de Reportero" el 3 de noviembre.

Más que una contienda entre dos aspirantes presidenciales, el proceso que concluyó hoy en el PRD y partidos anexos puede describirse como una negociación soportada por dos encuestas.

El tabasqueño ganó y a la buena su principal objetivo, pero contra lo acostumbrado tuvo que hacer concesiones y Ebrard se quedó al margen de la aspiración grande y no obtuvo poca cosa a cambio.

Las encuestas, más que resolver una competencia, sirvieron como soporte para anunciar algo que luce negociado desde tiempo atrás. El acuerdo original consideraba que hubiese hasta tres debates televisados en los que contrastaran sus posturas frente al país y entonces se levantaran los sondeos de las empresas que eligieran.

Calculaban concluir el proceso en la segunda quincena de noviembre. Sin embargo, el mes pasado súbitamente cambiaron los planes y anunciaron que iban directo a las dos encuestas, que estarían sus resultados a más tardar el día 15, como ocurrió, y no volvieron a hablar de los debates.

Fue la primera señal de que Ebrard comenzaba a ceder. El levantamiento de las mediciones después de tres rounds de debate podría haber producido un resultado distinto, pero decidió ya no presionar por ese lado. Incluso pudo haber escogido a alguna empresa encuestadora cuyas mediciones le resultaran más favorables (GEA-ISA le da desde hace meses ventaja cómoda adentro y afuera del PRD). Pero no. La negociación estaba en curso.

Como se publicó en este espacio, la apuesta de Ebrard había sido desde hace poco más de un año competir en serio con López Obrador pero no a costa de una ruptura. Entendía que de ir cada uno por su cuenta condenaba a ambos a la derrota, así que si los meses que tenía por delante no eran suficientes para ganarle la candidatura grande sí le alcanzarían para controlar su sucesión en el DF, perfilarse como heredero único del liderazgo de la izquierda para la era post-AMLO y comenzar a construir su campaña presidencial para el 2018 desde una posición privilegiada.

El 7 de noviembre, Manuel Camacho Solís, principal operador de las aspiraciones de Ebrard, dio otra señal en el mismo sentido en su artículo en EL UNIVERSAL: escribió, palabras más, palabras menos, que quien perdiera debía apoyar al ganador y quien ganara debía ser incluyente.

Expresó también que el candidato de la izquierda podría ser competitivo si cambiaba el tono belicoso y si no incurría en el error de ser amenazante para la clase media y los empresarios.

Estaba ya delineado lo que ayer se anunció. A ver qué tal les va en las urnas.

SACIAMORBOS

Si le decían mesiánico desde antes de que hablara de lograr un país más cristiano, una república amorosa, con grandeza espiritual...

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