noviembre 01, 2011

La apuesta

Leonardo Curzio (@leonardocurzio)
Analista político
El Universal

Es verdad que el tricolor puede ganar la apuesta de llegar a julio del 12 al frente de las preferencias populares sin aceptar ninguna reforma significativa. Contrariamente a lo que prometieron en 2009, su mayoría en San Lázaro no ha servido para que el país funcione mejor y su bloque con el Verde ha sido más bien un muro de contención que un alud de nuevas ideas. La apuesta es alta porque se basa en cuatro supuestos: a) el desgaste del PAN como gobierno; b) la inmadurez del PRD como opción de gobierno; c) que no habrá divisiones por la falta de claridad en la propuesta, y d) la supuesta imbatibilidad de Peña Nieto. A partir de estos cálculos prefieren no arriesgar nada.

Tengo la impresión, sin embargo, de que esta inmovilidad puede ser su Waterloo. El PRI está parado en un banco de arenas movedizas. Sus argumentos y propuestas son cada vez más repetitivos y previsibles, y eso lo hace perder cada vez más centímetros respecto al nivel del mar, como una persona que en vano trata de evitar que las arenas lo traguen. No hay nuevo discurso en puerta y su actuación en San Lázaro invalida toda proclama modernizadora que se haga en otros foros: obras son amores… O, más parlamentariamente: dime por qué votas y te diré en qué crees. No quieren que cambie nada y de manera muy señalada no quieren prescindir de la regla de oro del sistema de partido hegemónico, que es evitar la reelección consecutiva de los legisladores.

Sus argumentos para bloquear este mínimo avance son circulares y completamente contradictorios. Prescindamos del hecho de que los senadores de ese partido votaron a favor del instrumento y que los diputados lo hicieron en contra, lo cual denota la primera confusión. Son ya muchos temas en los que las sensibilidades de la Cámara alta difieren de las resoluciones de San Lázaro, como si Sonora y el Estado de México fueran dos planetas, digamos Marte y Venus, por usar el trillado ejemplo de Robert Kagan sobre europeos y estadounidenses. Los diputados y la dirigencia se han envuelto falazmente en la defensa de un antirreleccionismo que presumen es de estirpe maderista, lo cual es falso, y pasan por alto que en nuestro país la reelección legislativa es una tradición. Hay varias obras que demuestran cómo algunos legisladores van y vuelven al Congreso, desarrollando así una accidentada carrera legislativa dominada por los saltos de una cámara a otra, dando como resultado una discontinua labor legislativa. Con estos “chapulines legislativos” el argumento de la renovación de la clase política en ese cuerpo es cuando menos discutible. Se dice, por otra parte, que la reelección consecutiva puede ser un canal para que los poderes fácticos capturen a los legisladores. Es cada vez más evidente que los grandes intereses tienen su cuota de legisladores en cada elección, como antes la tenía la CNC o la CTM. No es verdad que el Congreso no esté capturado por la movilidad de los legisladores de una cámara a otra. Los hombres y mujeres (en este caso) son lo de menos, porque son alfiles de poderes que permanecen constantes y a los cuales la única forma seria de restarles poder sería tener un Estado (en este caso una rama legislativa del mismo) con gran fuerza para acotarlos. Y eso pasa, mal que les pese, por empoderar a los legisladores. Tenemos, pues, el peor de los escenarios porque existe la reelección (si quisieran podrían prohibirla y limitar la función del diputado a una sola legislatura) pero no consecutiva, con lo cual tenemos una clase política adocenada y servil a los intereses de las dirigencias de los partidos y de los poderes fácticos, y el resultado es que facilitan la captura de las decisiones legislativas.

Igualmente sorpresivo resulta el que pongan tantos obstáculos a la reconducción presupuestal y a la iniciativa preferente. No veo asunto más políticamente neutro que la reconducción presupuestal y no comprendo cómo un partido que se debate entre los gobiernos de coalición y la cláusula de gobernabilidad no estimula estos instrumentos cooperativos. Si las medidas provisorias (como las llaman en Brasil) o la guillotina (como la llaman los franceses) son un estímulo para que el Legislativo procese una propuesta del Ejecutivo, no entiendo la objeción de fondo. Finalmente, el mecanismo que se le da al Ejecutivo es presionar para que el Legislativo decida y no se siente a empollar o a alargar los procesos mediante las conocidas tácticas dilatorias que van desde amplias consultas hasta las novedosas consultas populares. Todo ello con (el cada vez menos disimulado) propósito de no decidir. Ése es el mensaje que está recibiendo el electorado y es inevitable que el PRI asuma que su papel hoy es el de una mayoría que no quiere que las cosas se muevan… y que eso basta para ganar. Al tiempo.

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