noviembre 08, 2011

La Cocoa en el México real

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

Las encuestas y sobre todo la percepción de la gente indican que Luisa María Calderón ganará las elecciones del próximo domingo en Michoacán. Las cosas, por supuesto, pueden ser diferentes, pueden cambiar. Pero si nos atenemos a lo que estamos viendo en estos días,
La Cocoa, como se conoce a Luisa María, tiene todo para llevarse, contra todos los pronósticos, la gubernatura.

Ya analizaremos en detalle la situación michoacana, pero por lo pronto e independientemente de cómo queden las cosas el domingo 13, hay varias enseñanzas que nos deja este proceso. La primera es la importancia del candidato, en este caso, de la candidata: si el joven aspirante panista Marko Cortés, como querían algunos grupos del blanquiazul, hubiera sido el candidato de ese partido, hoy nadie le discutiría el triunfo a Fausto Vallejo, el varias veces alcalde priista de Morelia: Luisa María fue candidata con la oposición de sectores que no querían que compitiera, quienes creían que la elección se convertiría en un referéndum sobre la labor de su hermano, el presidente Calderón. Y de alguna forma ha sido así, el punto es que, por lo menos en ese estado, la percepción de la gente es que el principal responsable de la crisis de seguridad (y de muchos otros ámbitos) que vive Michoacán, no es el gobierno federal sino el local. Y, en este caso, si bien Vallejo es un buen candidato, Luisa María se ve mucho más sólida en casi todos los terrenos. ¿Que el apellido ayuda? Por supuesto, pero también genera costos. Y por alguna razón, al menos en Michoacán, genera expectativas más altas ser Calderón que no serlo.

Eso tiene relación con otro tema, que se refleja en la encuesta de Ulises Beltrán y Asociados que ayer publicó Excélsior sobre la participación del Ejército en la lucha contra el crimen organizado. Mientras algunos políticos y movimientos como el de Javier Sicilia insisten en que el Ejército se debe retirar de esas funciones, por lo menos 90% de los encuestados, una cantidad abrumadora, quiere que el Ejército se quede permanentemente o mientras no exista una buena policía local en esas funciones. Para muchos observadores, el tema de la seguridad es un Waterloo gubernamental. No estoy tan seguro, tampoco, de que la gente lo esté juzgando de la misma manera, sobre todo en los estados donde la situación resulta evidente que tiene responsabilidades locales muy altas.

En el caso del PAN, todo esto se relaciona con otro tema: el de género. Quien dice que en las elecciones el tema de género no importa está pensando en los países nórdicos, no en México. El tema importa y hace la diferencia. El que Luisa María sea una mujer, y una que conecta muy bien con los sectores populares, hace la diferencia. En la interna panista, la presencia de Josefina Vázquez Mota hace la diferencia y es la que ha despertado expectativas de algo nuevo, diferente, en ese proceso. En el DF, la única que puede derrotar al PRD, por lo menos con lo visto hasta ahora, es otra mujer, Beatriz Paredes. Si el PAN no lo comprende está perdiendo una enorme oportunidad para 2012.

En el caso del PRI, una vez más se tendrá que decir que no pueden apostar a que las cosas ya están definidas. Ante candidatos, o candidatas, competitivas, el camino se le dificultará inevitablemente. Es verdad que los índices de popularidad de Peña Nieto son muy altos, hoy inalcanzables para sus adversarios, y que resulta notable el trabajo programático que está realizando Manlio Fabio Beltrones (aunque no es un detalle menor señalar que, en algún momento, el PRI deberá aceptar que ambos, la popularidad y el programa, se deben compatibilizar, algo que no ocurre aún), pero falta mucho para las elecciones y hay priistas que ya están repartiendo cargos en su imaginación sin comprender que el panismo, si no se equivoca, será un rival muy difícil de roer. Porque tampoco se puede subestimar el poder que otorga, de muchas formas, el detentar la Presidencia de la República.

Para el PRD, Michoacán sigue siendo la ratificación de un fracaso. Las cosas están mal en el partido. En las elecciones del 13 prácticamente ya no tiene posibilidades (y que en el cierre de Silvano Aureoles hayan desaparecido todos los principales actores de poder de ese partido es un indicativo transparente de ello) y en el plano interno continúan los enfrentamientos: este domingo una vez más no pudo completar el proceso de selección de sus consejeros y congresistas como se lo había ordenado el Tribunal Electoral, y habrá que ver qué resultado dan las encuestas para designar al candidato de entre Ebrard y López Obrador. Si es Marcelo, el partido será más competitivo hacia afuera, pero la división se agudizará. Si es Andrés Manuel, controlará sin duda la estructura de la campaña y, a la larga, del partido, pero sigue siendo el político con mayor número de negativos y quién sabe si pueda hacer crecer los números del perredismo, hoy estacionados en 16 por ciento.

Michoacán no es todo el país, pero sí confirma que la política nacional, y 2012, no tienen, todavía, dueño.

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