noviembre 10, 2011

La oportunidad de Josefina

Jorge Fernández Menéndez (@jorgeimagen)
Razones
Excélsior

Me tocó presentar el libro Nuestra oportunidad, de la precandidata panista Josefina Vázquez Mota, un libro que me parece de los más elaborados, los más serios y que cumple con un cometido que no tienen los que han publicado otros aspirantes: un planteamiento bastante completo y preciso de qué se entiende por el poder y para qué se le quiere, a través de las entrevistas que Josefina realiza con una veintena de entrevistados de muy alto nivel.

Decía ayer que este libro de Josefina era, por sobre todas las cosas, antimarxista. Porque Groucho Marx decía a su vez que “la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”.

Y la verdad es que, cuando vemos cómo funciona, es un decir, la Cámara de Diputados, el tono y los resultados de los debates sobre la reforma política, la cantidad de iniciativas que están en la congeladora legislativa, el incumplimiento de compromisos asumidos en seguridad. Cuando vemos un reclusorio en el que conviven los presos con sus prostitutas, con un centenar de gallos de pelea, algunos pavos reales y pantallas de plasma y electrodomésticos de todo tipo sin que las autoridades se enteren, no queda mucho margen para el optimismo. La verdad es que buena parte de nuestra vida política le da la razón al buen Groucho, la mayor parte de las veces mucho más acertado que su tocayo Carlos.

Sin embargo, lo más importante que ha hecho Josefina, no con este libro, no ahora que busca la candidatura, sino desde que la conozco, es tratar de revertir, de cambiar esa dinámica. De transformar la política en un arte que busque problemas para encontrarles soluciones y tratar de aplicar remedios correctos. El libro lo confirma.

¿Qué nos dice? Habla de construir una agenda de modernidad, de la necesidad de escucharnos, de entendernos, de que esa agenda común se tiene que basar en una agenda de libertades. Nos recuerda que las grandes ideas provienen del diálogo, como decía Octavio Paz, de la necesidad del diálogo para generar igualdad de oportunidades y equidad ante la ley. El sentido de urgencia es el que marca el recorrido del libro en una agenda de libertades y responsabilidades, como dice Felipe González en su entrevista.

La ciudadanía (que es diferente que la gente o el pueblo como creen otros dirigentes, por ejemplo López Obrador o el viejo priismo) es definida como el motor social, económico, una ciudadanía sustentable, responsable y política. No son los partidos, no son los liderazgos, no es el pueblo movilizado que vota en concentraciones en el Zócalo, el que marca la agenda, dice Josefina: es la ciudadanía, decimos nosotros, esa especie que algunos consideran hoy en extinción y que cada tanto nos sorprende y, sobre todo, sorprende a los políticos que creen que ya no tienen que contar con ella.

No imagino una forma mejor de expresar las propias convicciones que a través de las opiniones de los otros. No imagino una forma mejor de mostrar lo que se piensa que en el diálogo confrontador y al mismo tiempo cálido, con los otros. Ese es el mayor mérito del libro que nos muestra para qué quiere el poder Josefina, y cómo lo absorbe del diálogo con actores con los que comparte, enseña y aprende.

Hay tres puntos que me parecen fundamentales en todo este debate. El primero es la relación entre el liderazgo y el género: no somos Escandinavia, importa y mucho el género. Que pregunten si no en Michoacán o en el DF con Beatriz o con Josefina en la interna panista. El segundo punto en el que insiste mucho es la generosidad; pero ésta, decimos nosotros, tiene una contracara fundamental: la mezquindad. Y la mayor parte de nuestra clase política es mezquina.

Un tercer punto. El concepto de ciudadanía para generar voluntad política. Le dice Felipe González a Josefina en el libro que los Pactos de La Moncloa se sobrevaloraron, que lo que cambió a España no fueron los pactos en sí, sino la actitud de la gente.

Creo que Josefina oxigena a su partido y a la forma de hacer y entender la política. No es la única, pero no son muchos o muchas. No sé si va a ser candidata de su partido; no sé si ganará la Presidencia de la República, pero sí sé que ahí será una formidable competidora.

Usé en la presentación del libro una analogía futbolística. En nuestra política algunos juegan como los equipos de Mourinho, otros como el Barcelona de Guardiola. Unos apuestan a la fuerza, a la presión, a conservar cuando es necesario el marcador, a utilizar a los medios para presionar, a denunciar a los árbitros aunque los favorezcan, a picar los ojos del rival si es necesario y, si pierden, se ponen frenéticos. Otros ven el juego como una cuestión estética, apuestan más a la habilidad individual puesta al servicio del conjunto, al respeto a sus propias ideas y al espectador, lo perciben como una forma de diálogo, casi siempre ganan y, si pierden, lo aceptan como parte de las reglas del juego. Creo que Josefina es una política Guardiola, como pocos en nuestro país.

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