noviembre 17, 2011

López Obrador 2.0

Román Revueltas Retes
revueltas@mac.com
Interludio
Milenio

Obrador se tiene bien merecida la candidatura del PRD a la Presidencia de la República, dicen. Pues sí. A mí el hombre no me gusta —ya se habrán dado ustedes cuenta, amables lectores—, pero no dejo de reconocer que es un tipo (muy) trabajador, (muy) entregado a su causa, (muy) probablemente honrado en lo personal —aunque varios de sus segundones en el Gobierno de Ciudad de México hayan perpetrado algunas raterías por ahí— y (muy) disciplinado en sus asuntos. Se premia, aquí, el empeño de un personaje que no ha bajado la guardia a lo largo de años enteros.

Ahora bien ¿en qué momento volverá a la superficie el Obrador majadero, el provocador, ese intolerante de piel delgada que si no recibe el trato que cree merecer —por ejemplo, de la prensa— comienza a lanzar airadas denuncias contra “la mafia”, el sembrador de divisiones entre los pobres “buenos” y los ricos “malos”, el extremista que espanta a las clases medias, el posible émulo de Hugo Chávez, en fin, el caudillo en ciernes de un país que lo que menos necesita es, justamente, caudillismo?

López Obrador es un hombre del sistema que pretende estar fuera del sistema. Lo ha hecho, supongo, por conveniencia propia. Y también para consumo de la galería. Ello le ha permitido, a la vez, agenciarse las simpatías de un sector de la población que se embelesa, a estas alturas del partido todavía, con el ensueño del “estallido social”; una perspectiva, encima, que les sirve de espantajo para acojonarnos a todos aquellos que no comulgamos con su tremendista visión de las cosas. Pero el hecho de que el flamante candidato de la izquierda conozca a fondo las reglas del juego significa que terminará por aceptarlas, sobre todo ahora que su aventura antisistema se ha reducido a lo que vemos: una declarada aprobación, en tanto que va a participar de nuevo en la carrera, de los requisitos impuestos por las instituciones. En esta nueva aventura, jugándose todas sus cartas, López Obrador ya no podrá construir de nuevo los escenarios que fabricó en 2006. Será todo… o nada. Ya lo veremos.

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