noviembre 09, 2011

A media tabla

Manuel J. Jáuregui
Reforma

Nos preguntamos, y seguramente ustedes lo harán con frecuencia también, ¿hasta cuándo nos dejaremos de conformar en este País con ser medianeros en todo?

De nueva cuenta, México ocupa la mitad de la tabla: está en el lugar 53 de 110 países evaluados en el ÍNDICE de PROSPERIDAD del Instituto Legatum, un "think tank" inglés asociado con las universidades de Oxford y MIT, fondeado por el grupo financiero del mismo nombre.

Con sede en el prestigiado y sibarítico barrio de Mayfair, en la capital del Imperio británico, desde el 2007 el Legatum Institute publica este índice que mide Economía, Gobierno, Libertad Personal, Educación, Seguridad, Salud, Oportunidades Empresariales y Capital Social.

De acuerdo con este índice, Uruguay y Chile ocupan los primeros lugares en Latinoamérica, seguidos por Costa Rica, Panamá y Argentina.

Si acaso hay en la divulgación de este índice algún consuelo para nosotros (una muleta que a muchos "optimistas" encanta emplear) es que México tampoco es de los peores de la región.

Ese dudoso honor pertenece a Honduras, Nicaragua, Bolivia, Guatemala y Ecuador.

Brasil, por su parte, es de los pocos latinoamericanos que escaló posiciones: del 45 en el 2010 se fue al 42 en el 2011, por delante de México 11 lugares.

Ya tomado en cuenta el resto del mundo, el ranking de prosperidad luce así del primero al vigésimo tercer lugar: Noruega, Dinamarca, Australia, Nueva Zelanda, Suecia, Canadá, Finlandia, Suiza, Holanda, Estados Unidos, Irlanda, Islandia, Reino Unido, Austria, Alemania, Singapur, Bélgica, Francia, Hong Kong, Taiwán, Japón, Eslovenia y ESPAÑA (con todo y varios años en crisis económica).

Perú está en el 68 y Venezuela en el 73; Colombia en el 61 y El Salvador en el 77.

La cola del mundo, en cuanto a prosperidad se refiere (literalmente) la ocupan Camerún, Uganda, Zambia, Kenia, Mozambique, Nigeria, Sudán, Yemen, Paquistán, Etiopía, Zimbabwe y la República de África Central (antes Congo Francés) y que apenas logra 42 años promedio de vida para los ciudadanos y cuenta con un 45 por ciento de analfabetismo.

Insertados dentro del ranking mundial, los mejores latinoamericanos se comportan así: en el lugar 29 Uruguay, en el 31 Chile, en el 34 Costa Rica, en 37 Panamá y en 39 Argentina.

Preguntarán ustedes, avispados lectores, ¿qué factores contribuyeron para que nuestro adorado México Mágico saliera tan mal calificado, o por lo menos no tan bien como otros hermanos latinoamericanos?

De acuerdo con el estudio, nos ARRUINA el promedio del índice, por completo, la falta de SEGURIDAD (sóplense ésta los capos di tutti capi que twittean que el de la inseguridad es un problema de "percepción" y que México es más seguro que Mayfair).

También estropean nuestros resultados la mala EDUCACIÓN (¡gracias, Maestra, por este logro y por darle el gane a la "Cocoa"!), falta de LIBERTAD PERSONAL y deficiente gobernanza.

En estos rubros calificamos mal, como les decíamos (peor que nuestro promedio), mas en los que calificamos mejor, o casi bien, es en DESEMPEÑO ECONÓMICO y CAPITAL SOCIAL: en estos dos podríamos colarnos entre los primeros 30, aunque ni remotamente amenazar a los del top 10.

Con respeto a una posible diferencia de opinión de su parte, amigo lector, para su servidor están íntimamente ligados los factores negativos: la inseguridad y la falta de gobernanza, por ejemplo, se suman para crear el clima de impunidad e ilegalidad generalizada que nos está carcomiendo lentamente como sociedad con la corrupción convertida en un ácido implacable que corroe todo, incluyendo y principalmente, la prosperidad nacional (lo que mide el índice).

Las cadenas de COMPLICIDAD que se han formado para dar paso a un corrupción galopante que florece bajo un manto de opacidad (hermana facilitadora ésta de la impunidad) en nuestro País tornan imposible que prosperemos y que podamos imponer la paz y el orden.

¡Si son los gobernantes los primeros en saltarse las trancas y pasarse por el arco del triunfo nuestras leyes, los intereses ciudadanos y los supremos nacionales!

Ahora que esta mediocridad medianera que vivimos la sentimos todos, no necesitamos que nos la vengan a medir.

Lo que quizás debamos analizar bien, sobre todo con elecciones presidenciales en puerta, es cómo diantres le vamos a hacer para dejar atrás el zoquete, pisar fuerte tierra firme ¡y AVANZAR, por Dios!

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