noviembre 25, 2011

Obras son amores...

Paz Fernández Cueto
paz@fernandezcueto.com
Reforma

Obras son amores y no buenas razones. Una cosa es lo que se dice en el discurso, y otra muy distinta la que se demuestra con hechos fehacientes que respaldan nuestro quehacer cotidiano. Por lo anterior, no pude menos que sorprenderme ante los comentarios de Peña Nieto durante los cuestionamientos que le hicieron en Foro TV sobre su libro de reciente publicación: México la gran esperanza donde, con un cinismo inaudito, evoca los cambios que el país requiere urgentemente para reactivar la economía, impulsar la educación, incentivar la creación de empleos o fortalecer la seguridad nacional, planteando como base la necesidad de llevar a cabo una reforma fiscal profunda que dé viabilidad a estos proyectos.

Parecería la pura verdad. Inmejorable plan como para firmarlo de inmediato, si no fuera porque estas reformas que nos suenan tan familiares, quizá por haber sido reiteradamente planteadas por el actual gobierno, son las mismas que han sido una y otra vez rechazadas por el PRI, según instrucciones de sus líderes quienes, como Peña Nieto, han sido la mano que mece la cuna del partido estos últimos años.

Bastaría con señalar unos cuantos ejemplos. La reforma laboral propuesta por Acción Nacional busca avanzar en la construcción de un mercado laboral dinámico, eficiente y productivo que impulse la capacitación y la oferta de empleo, fortaleciendo la competitividad y productividad de los centros de trabajo, dinamizando los mecanismos de justicia laboral y generando la certidumbre jurídica necesaria para incentivar la inversión y creación de empleos. Esta reforma había sido modificada, negociada y consensada para ser votada a favor a partir de la propuesta del PRI, al concluirse en abril el cuarto periodo de esta legislatura, sin embargo, fue retirada inexplicablemente al último momento por indicaciones de este mismo partido. Las acciones que han venido realizando los legisladores del Partido Revolucionario Institucional para retrasar la inaplazable reforma laboral son una clara evidencia de que no desean que se concrete, y de que seguirán aplicando prácticas dilatorias para evitar a toda costa que el país cuente con un marco jurídico que nos permita superar los verdaderos obstáculos que restringen el desarrollo de las competencias laborales, el desempeño eficiente.

En cuanto a la reforma fiscal, el Partido Acción Nacional propuso una reforma integral que pretende modernizar las leyes tributarias, basándolas en la recaudación de los impuestos al consumo, erradicando los problemas de evasión, elusión fiscal e informalidad, para transitar a un marco tributario sencillo que no permita privilegios fiscales, fomentando la formalidad y el incremento en la base de los contribuyentes, facilitando la recaudación de impuestos de manera justa, proporcional y equitativa, y posibilitando mayor productividad de las empresas. Para esto, se creó una Comisión especial encabezada por el coordinador del PRI Francisco Rojas, con integrantes de las Comisiones de Hacienda y Presupuesto para estudiar la reforma en vista a su aprobación. Dicha Comisión tampoco prosperó. Simplemente no hubo ni habrá voluntad política para promoverla, había que esperar tiempos mejores que permitieran al PRI llevarse todo el mérito de esta reforma esencial para la modernización del país.

Efectivamente, la reforma fiscal resulta imposible sin "la moral de pago y la confianza de los contribuyentes", mencionadas por Peña Nieto en su libro, sin embargo, él mismo señala que ésta sólo puede lograrse con transparencia y rendición de cuentas. ¿Cómo hablar de transparencia y rendición de cuentas en medio de los escándalos en los que se han visto sumidos recientemente gobiernos priistas? En congruencia, los diputados Mario Alberto Becerra Pocoroba y Josefina Vázquez Mota del PAN habían presentado una iniciativa que reforma el artículo 117 de la Constitución, con el objeto de regular la deuda pública de las entidades federativas y municipios.

Una vez más, es el PRI el que ha bloqueado estas iniciativas evitando que haya control en el gasto y deuda pública de los estados, mismos que se manejan con opacidad y total discreción, como en el caso de Moreira. Sólo faltó a Peña Nieto decir que para lograr un estado eficaz para una democracia de resultados, como lo plantea su libro, hace falta colgarse una medalla. Una vez más son las conveniencias personales y partidistas las que se anteponen al bien de la nación, una burla a la democracia secuestrada por intereses egoístas.

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