noviembre 01, 2011

Ogros (no tan) filantrópicos

Juan Manuel Asai
jasaicamacho@yahoo.com
Códice
La Crónica de Hoy

Espejo negro.—Los partidos políticos en México son entidades ensimismadas. Ven tanto hacia dentro que no comprenden lo que sucede a su alrededor. Están todo el santo día frente al espejo, escudriñando lo que ellos suponen son discretas líneas de expresión, cuando en realidad son arrugas colosales, irreversibles. Los partidos, gracias al actual sistema político, se han convertido en retenes en la carretera de la democracia. Ellos, sus dirigencias, dicen quién pasa, quién se atora, quién se regresa. El que tenga deseos de llegar primero tiene que pasar a la báscula, sacar todo lo que tenga en los bolsillos, y esperar de hinojos a que los dirigentes le franqueen el paso.

Ahí está, para comenzar, el caso del PAN y su decisión draconiana de apropiarse, a la mala, con un método propio del antiguo régimen, de la selección de un alto porcentaje de sus candidatos a puestos de elección popular. La contribución de Acción Nacional a la democracia en el país no está a discusión. No trato aquí de quitar un ápice a su historia de lucha política en contra del ogro filantrópico. Al contrario, lamento que este partido se haya transformado, en tiempo récord, en otro ogro, aunque menos filantrópico. Lo lógico sería que después de una decisión así, los panistas se hubieran rebelado de manera abierta contra su dirigencia, demandando de inmediato el establecimiento de un método de selección con una pizca de democracia. Pero no. ¿Perdieron reflejos o combatividad? ¿Les da igual?

Hay un aspecto inquietante: ¿por qué los militantes del PAN aceptaron así, sin chistar, el menú que les diseñó Felipe Calderón para elegir candidato presidencial? Ninguno de los tres propuestos era un militante reconocido y respetado cuando el PAN llegó al poder presidencial en el año 2000. Ninguno ha sido gobernador o presidente municipal. ¿Han ganado alguna elección sin el cobijo del método de plurinominales? De hecho Cordero no ha ganado nunca un puesto de elección popular. ¿Perdieron reflejos o combatividad? ¿Les da igual?

Tal vez haya por ahí, en algún rincón del país, panistas que quieran saltarse el retén de su dirigencia y acceder por sí mismos a un método democrático para tener una candidatura. Una cosa es la disciplina y otra la displicencia. Calderón, con su fama de tipo irascible, consiguió intimidar a sus correligionarios. Nadie quiere que Felipe se enfade. Ni que fuera para tanto.

Otro lado del espejo.—En el PRD sucede lo contrario. No hay un hombre fuerte que provoque miedo, hay caos. No hay respeto para nadie. Las tribus no le temen a nada. Su único temor real es vivir fuera del presupuesto. Eso los pone a temblar, les provoca insomnio, los saca de quicio. Salir del presupuesto los puede llevar a la tumba. Vivir sin quincenas, ni aguinaldos, sin bonos, sin despensas ni gastos de representación, sin puestos para cuates y familiares. Decirles adiós a las camionetas y a los trajes caros a los que ya se acostumbraron sería superior a sus fuerzas.

El negocio de poner primero a los pobres les ha salido de maravilla. Los pobres siguen ahí, en muchos sitios se han multiplicado, pero ellos dejaron atrás los arrabales y ahora no salen, no quieren salir, de Coyoacán o la Condesa, guarida de los luchadores sociales que salieron del metro. No tiene nada de malo prosperar. Lo reprobable es que el medio para dejar atrás las limitaciones sea un partido y un gobierno que combate la pobreza, pero de los ciudadanos no de sus dirigentes.

Me parece que la ventaja del PRD sobre el PAN en estos días tan grises para la democracia partidista es que en sus filas hay estrategas del más alto nivel, de lo mejor del quehacer político mexicano, que harán otra vez el milagro: que las tribus perredistas, que se odian como tlaxcaltecas y mexicas, se pongan otra vez de acuerdo para repartirse el botín. Tanto para ti, tanto para mí y hasta el siguiente pleito por otro pastel. Ninguna discusión ideológica, ningún debate programático, nada sobre las políticas públicas, la transparencia de los dineros del partido o el futuro de las nuevas generaciones. Nada. La receta es la misma de siempre: mostrar los colmillos, lanzar dentelladas y sentarse a negociar desde una posición de fuerza.

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