noviembre 29, 2011

Prisioneros

Federico Reyes Heroles
Reforma

No se necesita tener grillete, ni estar detrás de las rejas. Tampoco toparse con una agresiva alambrada. El asunto es mucho más sutil pero igual de efectivo y dramático. Se puede ser prisionero de una religión, de una cosmovisión, de una cultura y pensar que se es libre. El regreso de las matracas priistas, de ese apoyo masivo y dirigido que llamamos "cargada", del desfile orondo de gerontocracia de ese partido, de las solemnidades vacías, ha erizado los pelos de muchos. ¡Es un retroceso! En pocas palabras, el priismo es un peligro, un peligro popular por lo visto. ¿Cómo explicar ese retorno sin disimulos?


Hay una lectura optimista y benévola de nuestra prisión. Un partido, el PRI, encarna al autoritarismo. Frente a él están los adalides de la democracia. ¿Será? Tomemos unas cuantas pistas de autoritarismo para revisar los expedientes de los pacientes. Un ejemplo: corporativismo o el individuo y sus derechos inalienables como eje de la democracia. Por supuesto que en esto el tricolor es campeón, fue el creador del corporativismo. Es su pasado y también su presente, allí están de nuevo las vetustas centrales, CNC, CNOP, CTM, revividas por la esperanza de triunfo. Y ya metidos en esto, por qué no ofrecer millones de votos, igualito que en el 88. Así les fue. Su flamante alianza con el partido de "la maestra" habla de un corporativismo reloaded -que es veneno puro para la democracia- y de más días oscuros para la renovación educativa que urge al país. Sugiero leer Metas, el más reciente documento de "Mexicanos Primero" sobre el estado de la educación nacional.


Pero nuestra prisión es más amplia. En 11 años de gobiernos panistas el corporativismo de "la maestra" ha caminado ufano por los pasillos de la SEP. Ella hace su chamba, ser líder. Sin falsos recatos lo dice: el poder es su brújula. Como nunca antes con el panismo se entregaron posiciones a cambio de un supuesto respaldo político. ¿Otro México? Para colmo el ex secretario de Educación del foxismo es hoy un alfil, o quizá no tanto, de "la maestra". Cosas veredes. O sea que -por los hechos- el panismo tampoco tiene un dilema doctrinal con el corporativismo.


Y qué decir del PRD que ha dado muchas vitaminas a los gremios y corporaciones de todo tipo en el gobierno de la capital. Algunos dirán que es sólo un PRD y no todo el PRD, pero es PRD. Y si de aplastar el voto individual se trata, qué tal la escenita en Iztapalapa en la cual el "líder moral" de ese partido, AMLO, dio instrucciones a sus huestes de votar por Juanito para que llegara Clara. Ejemplo paradigmático de insulto a la libre conciencia. Y qué es Morena sino una estructura semicorporativa de inducción del voto. Es lo mismo pero con otro disfraz. Por allí tampoco hay salida.


Tomemos otra variable democrática esencial: el respeto a la legalidad. El descaro del priismo al hacer desfilar a personajes de muy dudosa reputación y que quizá andan allí gracias a una investigación "fallida" es muy similar al descaro del PRD al convocar a pisotear la legalidad después de la elección del 2006. Y qué decir del muy cuestionado proceso de desafuero impulsado desde Los Pinos por el panismo. El Código Penal al servicio de otros fines. La batalla entre los defensores de la legalidad y los sinvergüenzas fue sólo imaginaria. ¿Dónde está la diferencia?


Y qué decir del culto a la personalidad, esa amenaza clásica en contra de las instituciones y que tanto criticamos al PRI con los rostros gigantes de siempre y su confeti infinito. Esa era su versión. Pero Vicente Fox -desde la toma de posesión y hasta el último minuto- inventó la propia, eso sí, con botas. Calderón -el deportista- promueve personalmente el turismo. Y si de caudillos se trata, imposible dejar fuera a AMLO que maneja tres partidos y medio a su antojo y que ha logrado que todo gire alrededor de él como redentor insustituible. Calles se mira como aprendiz frente a las modalidades de los ex convergentes y las nuevas alianzas al servicio de un hombre y tras del dinero público. Dos tercios de las entidades de la República han tenido alternancia y las historias de corrupción, nepotismo, privilegios no cesan. Ya ni siquiera la palabra mágica del pasado, alternancia, genera mucha esperanza.


Al PRI se le vincula con la represión, con la violación a los derechos humanos, con el 68. Pero de pronto ante las fosas comunes y las actuaciones de las policías y Ministerios Públicos y por supuesto ante las miles de demandas por desaparición forzosa, tortura u homicidio registradas por la CNDH, se provoca una lectura que todo lo relativiza. Más y menos se vuelven referentes blandos. Por eso irritan tanto las matracas tricolores, porque nos hacen recordar que el muy probable retorno sólo es explicable porque frente al votante no se ha construido una diferencia evidente y sonora. Esas matracas nos recuerdan que nuestra cultura política no ha transitado a ninguna parte y que seguimos siendo prisioneros de nosotros mismos.


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